Ayúdame, Señor, a eliminar cualquier
vestigio de crítica, juicio, condena, de exclusión y desamor.
Que yo logre superar la separación
entre buenos y malos
y entienda que tú estás en todas las personas.
Si miro con tus ojos y amo con tu
corazón, veo a los enemigos como maestros de amor que me pulen.
También
los “malos” tienen un Yo
sagrado y, aunque fallen, tú estás en ellos y son parte tuya.
En lugar de juzgarlos debo amarlos y
aceptarlos; en
lugar de condenarlos puedo tratarlos con compasión.
Cuando
yerran “no saben lo que
hacen” y lo mismo hago yo si me aparto de tu lado.
En tu plano de amor todo está bien
programado y las tinieblas son tan necesarias
como la luz.
El reto es amar en lugar de odiar y
comprender en lugar de odiar.
Estoy en la tierra para unir, no para enfrentar.

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