Cuenta
la historia que ante un sabio Maestro sufi llegó cierto día una persona muy
impaciente a pedir una guía.
El buen hombre lo escuchó, le hizo unas
preguntas y se dio cuenta
de que también era bastante perfeccionista.
Le
ayudó a relajarse y a hacer una meditación, una grata
experiencia que le sirvió para ganar paz y armonía. Le dijo:
Si
creas el buen hábito de hacer esto todos los días, serás
una persona tranquila y aceptarás fallas sin apegarte a lo perfecto.
Lo invitó a comer algo y en la pequeña cocina
de su casa puso dos vasos sobre la mesa y tomó seis naranjas.
A
continuación las partió, separó las semillas y le dijo: por favor saca de ellas
un delicioso y perfecto jugo para los dos.
Es imposible, dijo asombrado el visitante. Lo
es -dijo el Maestro- debes
esperar mucho para que una semilla se convierta en árbol y dé frutos no
perfectos.
Llévate
varias semillas, las pones en un lugar visible y al mirarlas repite con fe: “Cada día soy más
paciente y acepto la imperfección”.

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