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¿QUE DEBES SABER SOBRE ENVEJECER Y MORIR?


En la sociedad contemporánea, la vejez es percibida como una enfermedad incurable, lo peor que nos puede ocurrir, y es tratada en consecuencia.

Las industrias cosmética y farmacéutica han encontrado un filón en los productos que ofrecen a los mayores (“enfermos de vejez”) el espejismo de rejuvenecer, cuando no un instante de la eterna juventud. Para el estoicismo en particular y las filosofías de vida en particular envejecer constituye, en cambio, un bello síntoma de la impermanencia.

La cultura oriental también celebra la impermanencia. Como ejemplo, el concepto wabi-sabi o el propio “tao”.

Séneca recordaba disfrutar de una armoniosa tranquilidad durante sus años de madurez, al haber perdido la rémora de los poderosos instintos relacionados con la juventud. Séneca: “Apreciemos y amemos la vejez, porque está llena de placer si uno sabe cómo usarlo”.

El filósofo de Corduba aseguraba que el momento más delicioso de la vida se alcanzaba cuando uno ya se encuentra en la pendiente descendente, pero todavía no ha alcanzado la caída abrupta.

La cercanía de la muerte, dicen los estoicos, debería hacer nuestros días más especiales en lugar de deprimirnos, pues tenemos la oportunidad de vivir cada momento. Siempre, claro, que hayamos eligido dominar el “arte de vivir”.

El filósofo trascendentalista Henry David Thoreau escribía en Walden, durante su experiencia de dos años viviendo junto a un lago para experimentar la vida sencilla y los ecos del eudemonismo y el estoicismo:
Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si así podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no fuera que, cuando estuviera por morir, descubriera que no había vivido”.

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