Google Ads

LA CRISIS DE LOS CINCUENTAS


El término crisis de la mediana edad se usa para describir un período de cuestionamiento personal, que comúnmente ocurren al alcanzar la mitad de la edad que se tiene como expectativa de vida.

Este cambio se produce con tal fuerza que empieza a sentir y vivir diferente.

La persona siente que ha pasado la etapa de su juventud y la entrada a la madurez. En ocasiones, las transiciones que se experimentan en estos años, como el envejecimiento en general, la menopausia, el fallecimiento de los padres o el abandono del hogar por parte de los hijos pueden, por sí solas, disparar tal crisis.

El resultado puede reflejarse en el deseo de hacer cambios significativos en aspectos clave de la vida diaria o situación, tales como la carrera, el matrimonio o las relaciones románticas.

En cualquier caso, no es una enfermedad; sino una fase de transición personal, que se puede vivir con mayor o menor intensidad.

Se cree que el tipo de personalidad y el tener un historial de crisis psicológicas anteriores predispone a algunas personas a experimentar esta "tradicional" crisis de la mediana edad”.

Los investigadores han encontrado que la mediana edad es a menudo un tiempo de reflexión y revaloración, pero no siempre viene acompañada por los trastornos psicológicos que popularmente se relaciona con la "crisis de la mediana edad".

Un gran estudio encontró que la edad promedio de activación de la "crisis de la mediana edad" es de 46 años.

Las crisis de la mediana edad duran entre tres y diez años en los hombres y de dos a cinco años en las mujeres.

Una crisis de la mediana edad puede ser causada por el envejecimiento mismo o por el envejecimiento en combinación con los cambios, problemas o arrepentimientos en cuanto a factores como:
·         Trabajo o profesión
·         Relaciones de pareja
·         Madurez de los hijos
·         Vejez o muerte de los padres
·         Cambios físicos relacionados con el envejecimiento

La crisis de la mediana edad parece afectar de manera diferente a los hombres y a las mujeres. Los investigadores han propuesto que los disparadores de las crisis de la mediana edad son diferentes para cada sexo, ya que las crisis masculinas tienen más probabilidad de ser provocadas por asuntos relacionados con el trabajo.

Algunos sostienen la hipótesis de que otra causa de las crisis masculinas es la inminente menopausia de su pareja y, por ende, el final de su capacidad reproductiva. Esto renueva la necesidad del hombre de atraer mujeres más jóvenes.

Se dice que las personas que experimentan una crisis de la mediana edad presentan una o más de las siguientes tendencias:
·         Búsqueda de un sueño o meta indefinido
·         Un profundo remordimiento por las metas no alcanzadas
·         Deseo de lograr la sensación de juventud
·         Necesidad de pasar más tiempo solo o con ciertas compañías
·         Abuso en el consumo de alcohol
·         Consumismo o adquisición de artículos caros o extraños, como prendas de vestir, autos deportivos, joyas, motocicletas, aparatos electrónicos, teléfonos costosos, tatuajes, etc.
·         Demasiada atención a su apariencia física

El enfoque que cada persona le de a este período de crisis podrá resultar positivo o no de acuerdo a los cambios que decida realizar sobre sí mismo. El solo hecho de realizar una autoevaluación de todo lo vivido hasta el momento no tiene porqué ser algo preocupante, de hecho, tal vez sería sano realizarlo en las distintas edades y etapas de la vida.

La crisis de la mediana edad es clave para la individualización, un proceso de auto-actualización y auto-consciencia que contiene muchas paradojas potenciales.

La crisis de la mediana edad perse es la integración del pensamiento, sensaciones, sentimientos e intuición.

En esta etapa de la vida, la gente lucha por encontrar un nuevo significado y propósito para sus vidas.

Las personas propensas a experimentar crisis, también han tenido crisis a los veintitantos, y a los treinta y tantos años de edad.

Para la mayoría de los hombres, la mediana edad puede ser una época de logro y satisfacción. Sin embargo, para una cierta proporción de hombres, el paso de la juventud a la senectud no es del todo tranquilo.

Los disparadores de las crisis de la mediana edad en las mujeres son la menopausia, los hijos que dejan el hogar y las obligaciones de cuidar a los padres y a los hijos.

La crisis de la edad por no saber que ésta existe, muchos hombres pueden, a esta altura de la vida, perder a sus esposas, familia y profesión.

Es una etapa inexorable de la vida masculina y, en mayor o menor medida, tarde o temprano e independientemente de su condición social o cultural, todo hombre enfrenta esta crisis.

Las causas que provocan esta crisis son de diversa índole. A primera vista, resulta inexplicable que el hombre se comporte como si hubiese perdido algo… y el problema es que no sabe qué. Probablemente, el origen se encuentre en muchas cosas no concretas: tal vez el deseo de reconocimiento a su trabajo de tantos años, la pérdida de los sueños juveniles y de las energías para conquistar el mundo, el recuerdo de las metas soñadas y proyectadas cuando sólo se tenía 20 ó 25 años, el deseo de una profesión más prestigiada, un mejor puesto en la empresa, un ascenso, etcétera.

Y esta desazón llega en plena “edad de la experiencia“, en la que se supone existe una desaceleración de todas las emociones y reacciones, es decir, una mayor capacidad de autocontrol; la madurez, la confianza en sí mismo; el hombre no necesita demostrarse nada y tiene una amplia capacidad de recibir y dar amor con diferentes niveles de placer.

Pero a pesar de los logros alcanzados, la crisis manifiesta sus síntomas:
·         Insomnio.
·         Consumo excesivo de alcohol.
·         Problemas conyugales.
·         Insatisfaccion laboral.
·         Temor a las enfermedades y a la muerte.
·         Y la temida impotencia sexual.

El hombre en crisis trata de salir de su medio, cambiando su actitud y comportamiento, incluso buscando cambios de empleo y aventuras rejuvenecedoras. Por desgracia, también es la edad en que aparecen con mayor frecuencia algunas enfermedades como la diabetes, la úlcera gastroduodenal, hipercolesterolemias, hipertensión arterial y la impotencia.

Además, fuma y engorda en exceso producto del estrés y se agrega el insomnio, que cada vez se va haciendo más resistente a las dosis habituales de hipnóticos y tranquilizantes.

Sin duda, se trata de los síntomas de una época que se acaba. Y no ocurre sólo para aquellos frustrados con sus vidas. Esta crisis la presenta tanto el hombre que consiguió sus objetivos, como aquel que no lo hizo.

El primero se siente vacío y sin nada por que luchar; este es el hombre que trabajó por largos y duros años ahorrando dinero y bienes, privándose de muchas cosas, construyendo día a día el bienestar de su familia, soñando con la casa propia o el automóvil.

Ahora, con sus metas cumplidas, muchas veces se encuentra con una familia diferente, hijos que han crecido y que tienen intereses distintos; ya no les atrae compartir con sus padres, puesto que cuando ellos querían o lo necesitaban él estaba trabajando Ahora ellos quieren hacer una vida independiente con su propio círculo de amistades.

Por otro lado, el que no logró sus objetivos cae en la cuenta de sus limitaciones y tiende también a enojarse y deprimirse, sufriendo exactamente los mismos cambios en su hogar.

Ambos grupos sienten que su vida se ha rutinizado, se sienten desgastados, agotados, insignificantes, envejecidos y por primera vez ven a la muerte como algo que realmente existe, es decir, se sienten absolutamente deprimidos.

Pero los cambios no terminan ahí. Cuando la crisis ha llegado, el hombre también encuentra que su esposa ya no es la misma. Ella se ha liberado del cuidado de los hijos, ya no tiene las ataduras del cuidado del hogar y, además, siente y quiere iniciar una nueva vida; superar la etapa del matrimonio en el que sólo se habla con monosílabos y volver al período de antes de casarse, cuando conversaba por horas y planeaban el futuro.

Y lo peor es que la esposa juega un papel decisivo en la tarea de sobrellevar y superar este cambio de conducta del marido y que, justamente en este período, ella pasa la angustia del síndrome de la menopausia. Como resultado, muchas veces se ve a la mujer intentando ayudar a un hombre en plena crisis de la madurez. El clásico caso de un ciego conduciendo a otro ciego.

A consecuencia de todo lo anterior, el hombre reduce el contacto con su esposa e hijos, llegando a altas horas de la noche o la madrugada a su casa, aumenta la incomunicación, provocando un desencuentro en el plano afectivo, que desemboca también en lo sexual.

Es aquí donde la mujer juega un papel muy importante y decisivo para la conservación del matrimonio. Estadísticamente se ha visto que aquellas esposas que entienden que el marido esta sufriendo una crisis, no hacen mayor cuestión por la inapetencia sexual de su pareja y, por lo general, todo vuelve a la normalidad después de superada la crisis.

Aquella esposa que no entiende o no tiene conocimiento de la existencia de este problema patológico de su marido, es muy probable que lo hostilice pensando en la infidelidad; en que ya no se siente atractiva. Con esta actitud, lo más probable es que se profundice mucho más la crisis y que desemboque en una ruptura definitiva.

Sin embargo, la mejor opción es ayudar al marido a salir del pantano y no hundirlo. Lo más importante es tener en cuenta de que se trata de un problema temporal y absolutamente superable, luego de lo cual todo volverá a la normalidad.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Por favor, escriba aquí sus comentarios

Gracias por su visita.

EnPazyArmonia