Martin Luther King, 1929-1968, solía afirmar: “Lo que importa no es cuánto se
vive, sino cómo se vive y cuánto se ama”.
Cuando fue asesinado en 1968 solo tenía 40 años y había
vivido intensamente y servido como pocos.
Inició en forma su misión antirracista a los 27 años y en el año 1964
recibió el honroso Nobel de la Paz.
Nunca
se apartó de su misión, a pesar de varios atentados y
continuas llamadas amenazantes.
Decía
que su fuerza la recibía de Dios y que en la oración encontraba nuevas
fuerzas para seguir adelante.
Luther
King fue un gran creyente y la fe fue su principal refugio en los días
tormentosos.
Vale la pena recordar ahora una de sus frases
predilectas y que nos impele a dar lo mejor y amar lo que hacemos:
“El
mundo está a oscuras, no tanto por el mal que hacen los malos, como por el bien
que dejan de hacer los buenos”.

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