Tristemente, la falsedad y la hipocresía son tan
resbaladizas que solemos encontrarlas en el rincón que menos esperábamos cuando
ya es demasiado tarde. Normalmente, la esperanza de que alguien es lo que
creemos conocer nos hace estar tranquilos cuando en realidad deberíamos
mantenernos expectantes.
Entonces es cuando vienen los problemas, pues la
verdad es que abunda la gente interesada y a nosotros nos cuesta abrir los ojos. Esto ocurre porque nos resistimos a creer
que alguien a quien consideramos tan indispensable en nuestra vida no sea
sincero.
Normalmente, las
personas falsas o interesadas son aquellas que ni comen ni dejan comer y que cuando les pides explicaciones
se enervan intentando evadir la confrontación que les hemos planteado.
Es probable que nos devoren con palabras
envenenadas, de manera que
nosotros, sedientos de encajar, alimentemos la esperanza de quien tiene una de
cal y otra de arena.
Aprende a regalar tu ausencia a quien no valora tu
presencia
En ocasiones
perdemos el tiempo insistiendo en ver a alguien que no hace nada por vernos y
en forzar situaciones que creemos necesarias.
Solemos caer en el
error de buscar sin permitir que nos encuentren, lo que al final resulta en un
maltrato a nuestra dignidad.
Cuando nos damos
cuenta de esto, hay algo
que se rompe en nuestro interior y nos invade una ola de decepción, de miedo y
de tristeza. En ese momento, nos percatamos de que no podemos esperar a quien no
quiere ser esperado.
Entonces empieza
todo un duro proceso de protección que requiere que recubramos nuestra vida de comprensión y que
prohibamos la entrada a todas aquellas personas que nos dañaron y se
comportaron de manera interesada.

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