“El
pasado es como el cementerio: es bueno visitarlo de vez en cuando, pero no
quedarse en él”
O sea que son buenas las remembranzas pero no al grado de
aferrarse a ellas
sin querer ubicarse en el presente
Vean ustedes lo que puede suceder cuando alguien se
empeña repetida y constantemente en volver al pasado
Despues
de profundas reflexiones he llegado a las siguientes conclusiones:
La
nostalgia, los recuerdos y las añoranzas son bonitas, románticas, dulzonas y
hasta cierto punto provechosas si nos hacen evocar sentimientos y recuerdos
agradables de tiempos felices ya idos.
Son
buenos si nos hacen sonreír y nos inspiran una sensación apacible,
evocadora y positiva que nos haga meditar... ¡pero cuidado! No hay que aferrarse demasiado al pasado
ni retroceder con una tenacidad exagerada, pues podría sucedernos lo que le
pasó al buen amigo Chale.
Chale para sus amigos es un hombre próspero en los
negocios, traquilo, amable,
recién entrado en sus setenta años, con las dolencias normales
de su edad, pero en general sano, jovial y con todos los elementos en la vida
para ser feliz.
Sin embargo, él tenía la manía de estar añorando siempre su pasado y
retrocediendo constantemente a “los buenos tiempos, a los años felices de la
juventud.”
Muy seguido anhelaba tener veinte años de nuevo, y lo
deseaba con tal vehemencia que un día, mientras
acampaba con sus hijos y nietos en una playa (y donde se dio cuenta de
las inevitables limitaciones propias de su edad) se lo pidió con todas sus ganas a Dios.
“¡Te lo ruego fervientemente, Señor!”
El buen Señor lo escuchó pacientemente con una serena
sonrisa, y le dijo que sí tenía el poder de concederle su deseo, pero que antes debería saber
todo lo que le ocurriría si se lo otorgaba.
-Fíjate muy bien.
Sobre aviso no hay engaño- le advirtió.
-Mira, aunque tendrás veinte años de edad, recuerda que
no tendrás lo que ahora posees. Te faltarán los conocimientos que obtuviste en la universidad
para lograr tu título de ingeniero,
porque aun no habrás terminado tu
carrera.
Tendrás
un cuerpo joven y saludable, es cierto,
pero también un cerebro aun sin preparación ni conocimientos. No
tendrás nada en común con tus amigos actuales por la diferencia de edades, y
tendrás que hacer nuevos amigos. ¿Estas preparado?
Tendrás
que adaptarte a las costumbres, las modas, el léxico y la ropa de los
jóvenes. Tal vez arrastrarás los pantalones, te
harás un tatuaje y te colocarás un arete.
Tendrás que adaptar tus oídos a la algarabía, al estrépito de las bocinas, a esos sonidos
estridentes propios de la juventud actual.
¿Crees
que podrás?
¡Quizá hasta podrías quedar sordo!
No
tendrás a tu esposa ni a tus hijos, y por supuesto tampoco a tus nietos -fíjate bien- porque aun no
te habrás casado.
La
casa que construíste con tanta ilusión y
esfuerzo tampoco la tendrás, así como tampoco tus automóviles, tu computadora, tu rancho,
tus negocios ni tus demás posesiones.
Deberás ganarlas de nuevo poco a poco, recuérdalo.
Tampoco poseerás tus libros, tus fotografías, tus cuadros
ni tus recuerdos, hoy tan amados.
Y tardarás años en volverlos a acumular.
Tendrás la salud, el vigor, el entusiasmo y la energía de
la juventud, pero no
la cultura, el criterio ni la
experiencia con que la vida te ha nutrido a través de los años, y que a
base de paciencia y esfuerzo ahora posees.
Será como una especie de amnesia, pero dolorosa y
lacerante porque tú te darás cuenta de
ella y no podrás remediarla ni dar marcha atrás
-Pero si yo ya
soy profesional y tengo un negocio de materiales de construcción que mucho
trabajo y esfuerzo me ha costado, con el cual me ha ido bastante bien—arguyó
Chale
-No lo tienes, porque al haber retrocedido cincuenta años
no has formado todavía ese patrimonio. Para ello tendrás que empezar otra vez desde el principio.
Chale se entristeció. No era posible perder esa magnífica
oportunidad estando ya ante Dios, e insistió:
-Pero Señor, ¿no puedo conservar todo lo que tengo y
además tener la juventud?
-No, eso no es posible.
Debes escoger, no puedes tenerlo todo.
-¡Pero eso no es justo, Señor!
—¿Justo, dices?— respondió sonriendo el Señor.
-Tampoco es justo lo que me pides. Mira, tú ya tuviste tu
oportunidad y la aprovechaste; ahora debes ceder esa misma oportunidad a los jóvenes,
a tus nietos que apenas empiezan a planear su futuro.
Así empezaste tú también, ¿recuerdas?
Y mirándolo fijamente, el Señor agregó sentenciosamente:
“En verdad te digo que lo deseable es disfrutar lo mejor
de cada época y gozar de cada edad a medida que vas recorriendo el camino de la
vida, y cortar los frutos de cada estación sin volver la vista al pasado ni empeñarse en
retroceder. El tiempo no
da marcha atrás.”
-Piensa que son más las cosas
que tienes que las que te hacen falta.
Entonces... ¿qué más necesitas? ¿De qué te quejas?
-El pasado es el
pasado y ya nunca regresará, convéncete. Por lo menos no como tú lo
conociste. Lo que tu quieres no es
sólo ser más joven, sino que te regrese toda una época ya pasada.
-Mira: tenemos los ojos enfrente porque es más importante
ver hacia adelante que hacia atrás
-¡La
vida es lo que viene, no lo que fue!
— No pierdas el tiempo añorando lo que ya pasó.
Considéralo como una página brillante y feliz que quedó archivada para siempre
en tu vida. Conserva con cariño esos recuerdos... pero no te aferres a ellos.
Anda,
levanta la vista, admira el mundo a tu alrededor y disfruta del presente antes
de
que pase y lo pierdas para siempre!
Mira: en lugar de preguntarme “¿Merezco más de lo que
tengo?” debes de preguntarte: “¿Tengo más de lo que merezco?”
¡Piénsalo bien!
Recuerda que el mayor tesoro que posees es el tiempo
actual, el de ahora mismo.
Date cuenta de ello y...¡Disfrútalo!
Se hizo un profundo silencio...
Chale escuchó, comprendió y aceptó la explicación de
Dios. Era imposible sustraerse a la verdad de sus palabras. Se dió cuenta de la
infinita sabiduría que encerraban, y respondió:
-Gracias, Señor, tienes razón. ¿Cómo no vas a tenerla?
Ahora lo comprendo. Perdóname.
Ya
no quiero ser joven...
¡No
a ese precio!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Por favor, escriba aquí sus comentarios