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UN HIJO ES MAS QUE UN PRÍNCIPE AZUL


Descubre qué más hay detrás del hermoso sueño de tener un príncipe azul como hijo.

La llegada de un hijo siempre es un motivo de alegría y celebración a lo grande. No obstante muchas madres se dejan llevar por la emoción del momento y creen que solo con el hecho de haber venido al mundo, sus hijos ya son príncipes azules.

Es cierto que los niños, independientemente de su género, son toda ternura y candidez. Por lo tanto es normal que toda persona se sienta conmovida con su sola presencia. Y, sobre todo, una madre.

Los suspiros y las ilusiones acuden a la mente ante la presencia de un bebé fácilmente. Pero es necesario no olvidar del todo el sentido común a la hora de soñar despiertas con lo que respecta a nuestros hijos.

El amor materno no es ciego
A diferencia de lo que se suele pensar (y decir) el amor materno no es ciego. Al contrario, se trata de un amor que es capaz de visualizarlo todo y tener la suficiente perspectiva para darse cuenta de los distintos matices que componen la realidad. Esto incluye la percepción de los hijos.

Como cualquier otro ser humano, una madre puede tener sueños, ideales y fantasías. Y sí, es válido pensar que los hijos son príncipes y princesas de cuentos de hadas, pero no debemos dejarnos llevar solo por la ilusión.

Si queremos que un hijo sea un verdadero príncipe azul, debemos darle una buena crianza. Hay que evitar quedarse en el suspiro, en la añoranza y procurar actuar por lo que se aspira. También es necesario realizar los ajustes necesarios durante la práctica.

El amor materno es incondicional, infinito, pero no por ello tiene que ser menos asertivo.

La idea es que materialicemos ese sueño con un plan de acción consecuente. Por supuesto, esto no lo notaremos cuando el bebé tenga pocos meses sino a partir del los 6 meses en adelante.

Es muy importante brindarles a nuestros niños una educación rica en valores y sobre todo, realista. Para ello debemos tener en cuenta que somos responsables por el desarrollo integral de un hijo.

Debemos estar muy conscientes de la realidad aún cuando vayamos tras un sueño. Esto nos permitirá ser más asertivas a la hora de tomar desiciones y experimentar mayor satisfacción.

La imagen del príncipe azul corresponde a la del guerrero impoluto que acude con vigor y soltura al auxilio de quienes lo necesitan.

Además de ser apuesto, tiene buen humor y un corazón lleno de bondad. También es inteligente, creativo, audaz, caballeroso y encantador.

Pero un hijo es más que un príncipe azul. Un hijo es el reflejo de lo mejor de nosotros mismos.

Él es el fruto de nuestro mejor y mayor esfuerzo en la vida. De esas ganas de superarnos a nosotros mismos y, también, esas ganas de redescubrir el mundo. O mejor dicho, de recuperar nuestra capacidad de asombrarnos y maravillarnos.

Cuando tenemos a un hijo en brazos lo primero que pensamos es en la vida que tienen por delante y lo mucho que deseamos estar allí para ayudarles. Queremos ser partícipes de sus logros, apoyarlos en las caídas y crecer junto a ellos.

En este sentido es cuando podemos darnos cuenta de que un hijo no es una única imagen sino todo un camino lleno de posibilidades.

Cómo acertar con un hijo
A pesar de que no existen fórmulas mágicas sí existe algo de gran utilidad: el sentido común. Esta es la capacidad de discernir los elementos que componen la realidad y actuar razonablemente. También se le conoce como sensatez.

No tenemos por qué ser madres perfectas sino seres humanos perfectibles. Y en lo que respecta a nuestros hijos, tenemos que entender que ellos tampoco tienen por que ser perfectos, mucho menos a la primera.

Hay que disfrutar del proceso de superación. Después de todo, la vida no es una meta, es un camino. Para poder recorrerlo y superar las dificultades con mayor facilidad es importante tener en cuenta ciertos aspectos. A continuación te nombramos algunos.

Algunos consejos básicos:
  • Educar en valores.
  • Procurar siempre un equilibrio.
  • Mantener una actitud proactiva.
  • Apostar por la crianza con apego.
  • Evitar dejarnos llevar por los estereotipos.
  • Soñar junto a nuestros hijos. No imponerles un sueño propio.
  • Revisarnos, cuestionarnos, aprender, reaprender, corregir y seguir adelante.
  • Ante la duda, lo mejor será buscar ayuda profesional. Esto no significa que haya problemas, sino que necesitamos nuevas herramientas o estrategias de aplicación.


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