Los humanos somos complejos y hacemos
un buen número de cosas que no tienen sentido y lastiman.
Una de
ellas es enmascarar el
dolor o evadirlo a toda costa sin aceptar que es parte de la vida y enseña.
Por eso
no se lleva a un niño a
una funeraria y así se le hace un gran daño porque no procesa bien su duelo.
Incluso
hay casos en los que no va
ni al templo, no despiden al ser amado y le dicen: “papá viajó” o “mamá
se durmió”.
Mentiras
que lo dejan en un limbo. Se
ignora que los pequeños manejan la muerte mejor que los adultos.
Pero hay muchas otras formas de no
acoger el dolor con amor y sentirlo para poder sanarlo y soltarlo.
Otras veces lo proyectas en alguien que
está muy mal y no
percibes que él solo refleja ese dolor que no aceptas en ti.
En la
fe muchos proyectan su dolor en un Cristo sangriento en la cruz. La iglesia haría bien en llenar
los templos con Jesús resucitado y no crucificado. Lee el libro Muerte
un paso a la vida.

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