Pahom era un campesino trabajador, honesto y muy responsable. Velaba por su familia con arduas labores del
campo, siempre soñó con tener sus propias tierras y poder trabajarlas, era su mayor anhelo. El
día menos pensado se entero que cerca a su aldea iban a vender unas hectáreas
de tierra. Fue allí donde vio la oportunidad de aterrizar su sueño y decidió esforzarse por poder lograr su objetivo. Al cabo de un año logro pagar
las 20 hectáreas que decidió comprar y se dio el lujo de llamarse “terrateniente”.
Era evidente la alegría que sentía Pahom cuando
salía a arar los campos, o a mirar sus mieses o sus prados, el corazón se le llenaba de
emoción. Satisfecho con sus primeras tierras; pero con la convicción de
obtener más, en una tarde soleada se
sentó a escuchar a un forastero que
pasaba por el lugar, comentándole que
en Volga había muchas tierras en venta, y que muchos estaban
viajando para comprarlas. Las tierras eran tan fértiles y perfectas aseguró. Entonces Pahom decidió vender
sus primeras hectáreas e invertir en
dicho lugar.
Era un hecho Pahom ya no estaba en la misma posición de antes, ahora contaba con mas cultivos
de trigo y más espacio para sus reses de ganado y sus labores agropecuarias.
Pero algo andaba mal, Pahom sentía que aun le faltaba espacio para seguir cosechando las cantidades que él
quería.
Hasta que Un día un vendedor de bienes raíces que pasaba
le comentó que acababa de regresar de la lejana tierra de los Bashkirs, donde
había comprado seiscientas hectáreas por sólo mil rubios. Era un precio muy
económico, entonces Pahom
decidió viajar con su criado con la plena
ilusión de que volvería siendo un gran terrateniente. Después de
varios días de viaje, Pahom y su criado llegaron al lugar, donde fueron directamente atendidos por el patrón
de los Bashkirs el cual les explico el
negocio y las condiciones: “Todo
esto, hasta donde llega la mirada, es nuestro. Puedes tomar lo que gustes. Pero la condición es
que debes llegar antes que se oscurezca.
Pahom
sin perder tiempo empezó a caminar con
su criado de norte a sur y sur a oeste sin llegar a imaginar que sería un sueño
de nunca despertar porque llego sin vida a la
meta.

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