Para
triunfar hay que saber fracasar como Rovio, la empresa
finlandesa que creó el popular juego Angry Birds. Antes de ese gran éxito hubo 51 intentos de aplicaciones
que resultaron fallidas. Saber perder es un arte que practica todo triunfador cuando asume los
fracasos como aprendizajes.
¿Sabías que hay un evento internacional de
emprendimiento en el que los invitados enseñan a aprender de los errores? Se
llama FailCon y lo crearon en el 2009, en Silicon Valley, dos mujeres
ingeniosas: Cass Phillips y Diane Loviglio. Ambas estaban descontentas de
tantos eventos solo con triunfadores que hablaban de sus éxitos.
Entonces, se dijeron: errar es normal, equivocarse no es perder y hay que
aprender de los mal llamados fracasos.
¿Conoces el secreto de los triunfadores? Han llegado al éxito de fracaso
en fracaso. Todo en la vida es según la ley de ensayo y error, y el
sabio aprende algo valioso de sus fallas o derrotas. El fracaso solo existe cuando te das por vencido,
fracaso es cuando te rindes y no aprendes nada.
Todo ganador
ha sido un buen perdedor y volverá a serlo porque la vida no es una suma de
puros éxitos.
Los pintores impresionistas fueron criticados y
rechazados, pero creían en lo que hacían y se impusieron. A grandes intérpretes
como Celia Cruz o Madonna, les cerraron las puertas al inicio, pero su fe era
más grande que sus dudas. Por lo mismo, cree en Dios y en ti, da lo mejor y, si caes diez veces,
levántate once, según dice un proverbio japonés.
Creer, dar
lo mejor, perseverar, asociarte e innovar son cinco claves para lograr lo que
te propones.
Tamerlán fue un gran caudillo y estratega mongol,
cuyo imperio iba desde la India hasta Rusia. Murió en 1405, fue un estudioso de
la astronomía y sus restos reposan en Samarkanda, Usbequiztan. En cierta
ocasión estaba sumido en el desaliento después de una derrota y acaeció algo
especial.
Vio a una
hormiguita que subía por una roca a su lado y decidió tumbarla con la punta de
la espada. Siguió pensando en lo peor y, de pronto, vio como
la hormiguita ascendía de nuevo sin rendirse. Varias veces la tumbó y otras
tantas el animalito emprendió el ascenso ante la sorpresa de Tamerlán.
Entonces, se dijo: ¿cómo
es que un animal tan diminuto insiste sin desfallecer y yo estoy preso del
desaliento? El gran caudillo analizó sus derrotas para aprender algo, recobró el ánimo se lo contagió
a sus tropas y venció en las próximas batallas.
Dicen que cada mañana, en el África, una gacela se
despierta; sabe que deberá
correr más rápido que el león, o éste la matará. Cada mañana en el
África, un león se despierta; sabe que deberá correr más rápido que la gacela, o morirá de hambre.
Todas las mañanas, cuando sale el Sol, aunque no
seas un león o una gacela, mejor será que te pongas en marcha.
Sí, lo mejor
que puedes hacer es avanzar con una firme confianza y un renovado entusiasmo.
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