Un país con seis millones
de víctimas necesita grandes dosis de perdón y, en lo posible, de
reconciliación.
El perdón auténtico no exige necesariamente reconciliarse, así como
tampoco exige el olvido. Se
puede recordar en paz y sin rabia.
El perdón debe ir de la mano de tres amigos: Verdad, justicia y una
reparación, aunque sea simbólica.
Hay que llegar a un perdón
profundo y no engañarse con un perdón superficial que deja heridas emocionales
abiertas.
El perdón tiene cinco
características:
1. Es un acto espiritual.
1. Es un acto espiritual.
2. Es un acto de amor.
3. Es un acto de humildad.
4. Pide justicia y
comprensión.
5. Pide compasión y
reparación.
Un perdón profundo entierra el odio, las culpas y el rencor. Implica
desterrar los juicios y no ver al ofensor como una bestia.
Pide verlo como un hermano en la oscuridad, atrapado por sus vacíos y sus traumas.
Suena extraño, pero
en su estado de inconsciencia termina enseñando algo al agraviado, le ayuda a pulirse en el amor.
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