Una
maravillosa decisión es que tú elijas actuar siempre con una amorosa compasión.
Solo necesitas seguir las huellas de Jesús que alguna
vez dijo: No vine a
condenar sino a salvar.
Compasión
es ponerse en el corazón del otro, es sentir con él y tratarlo con
misericordia.
En la compasión no hay espacio para ningún tipo de juicio
porque entiendes a los demás.
Cuando
eres compasivo entras a todos los corazones y borras todas las fronteras.
Si
separas la palabra la entiendes, no es lástima, es pasión o empatía
con alguien: pasión con.
Compasivo fue el gran Francisco de Asís
y por eso puso estas hermosas palabras en su Plegaria de la paz:
"Que
yo no busque tanto ser consolado como consolar; que no busque tanto ser
comprendido, como comprender".

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