Para la sicología el apego es el
vínculo afectivo bidireccional entre un niño y sus cuidadores principales,
generalmente sus padres.
Un apego sano y seguro facilita
aprender muchos aspectos de la vida como la regulación de las emociones.
Un niño
con un apego seguro tiene
mejores recursos y estrategias para gestionar sus emociones y salir
adelante.
El apego es sano cuando no crea
dependencias alienantes
en las que se llega a no ser feliz sin alguien.
Es nefasto generar una relación en la
que necesitas al otro
porque toda dependencia va a traer sufrimiento.
Un buen apego crea un vínculo de
confianza y protección
para el niño, sin disminuir su autonomía.
Por
eso, ofrece al hijo amor y
relaciones de confianza y seguridad, fomenta su autonomía, curiosidad y
exploración.
Está
bien si al crecer es
seguro de sí mismo, confía en los demás, y sabe manejar sus emociones y
solucionar conflictos.

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