Cuenta
la historia que hace tiempo un rey estaba abatido después de una derrota contra
unos invasores, aunque se habían alejado.
Uno de sus consejeros al verlo tan mal le
dijo: Majestad en tu reino
hay seres muy sabios.
Envía estos pergaminos y que cada uno te escriba una frase que te
mantenga estable y sereno, sea en una derrota o en un triunfo.
El rey hizo caso y los pergaminos se enviaron, regresaron y los leyó.
Eran frases: espirituales, filosóficas, largas, breves, teóricas, prácticas.
Escogió
una que le llegó al corazón y dijo: Maravilloso, es real, son solo tres
palabras, pero es pura sabiduría. es lo que necesitaba.
Agradeció a su consejero y
la frase decía: “Confía, esto pasará”.
Un salmo dice: el ser humano es como la hierba
que brota y pronto se seca. Todo
es efímero y aferrarse a algo es sufrir sin necesidad.
En sánscrito hasta un niño budista repite la
palabra “anitya” que significa impermanencia. Nada es permanente.
“Todo se pasa” dijo Santa Teresa de Jesús. No te aferres a nada porque todo
fluye. Confía, esto pasará. Vives esto mejor si estás en constante sintonía con
Dios.

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