Vienen la crisis posjubilación y la pregunta '¿para qué
soy útil?'.
En
esta etapa se hace una extensa revisión de la vida. Por un lado, hay una
satisfacción inmensa por el deber cumplido –ya crie, ya trabajé– y la
perspectiva es la jubilación, el descanso.
Aun así, vienen las frases como ‘ya no pude’, ‘ya no
estoy a tiempo’, ‘cuánto me arrepiento’. “Es una quejadera constante e innecesaria. La solución es
que lo que todavía se puede hacer, ¡hágalo! Y lo que no, ¡acéptelo!”.
Esta
edad es de muchos cambios. De tener hijos, “viene el nido vacío (cuando
se van de la casa) y se puede resentir la relación de pareja”. “Pueden tener desencuentros,
empezar a preguntarse ‘¿y ahora qué hacemos solos los dos?’ y vienen las
posibilidades de divorcio, que en esta edad han aumentado”.
Por otro lado, algo de presión por seguir siendo activa sexualmente, pero con
los cambios hormonales normales de esta edad pueden disminuir el apetito y la
disposición, aunque hay soluciones médicas.
Por último, vienen la crisis posjubilación y la pregunta ‘¿para qué soy útil?’, en
la que los hijos son claves para ayudarles.
Pero se despierta entonces un sentido aventurero y se
buscan grupos y planes para realizar en conjunto. En estas actividades se fortalecen las relaciones, tanto
personales como profesionales. A veces esta relación de manada se da en
el contexto deportivo, pues a esta edad quiere repararse con ejercicio todo lo
que no hizo antes. “Han estado cuidando a otros, por lo que en esta edad están
más atentas a la salud, muy enfocadas en ellas mismas”. Los nietos no se cuidan, se disfrutan.

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