Hace muchos años un amigo le dijo al
otro: Te cuento que lo he pensado y me voy a cambiar de religión.
Sí, hay
cosas positivas, pero
existen normas, prohibiciones e incoherencias que atan, limitan y hacen daño.
El otro
le comentó: Si eso es lo que tu corazón te dice, síguelo. En mi caso yo no pertenezco a
ninguna.
Pasaron
los años, se volvieron a encontrar y el segundo le preguntó al primero: ¿Cómo te va en tu nueva
religión?
La
respuesta del amigo es bien elocuente: “Seres humanos dejé y seres humanos encontré”.
En
otras palabras, la religión, la entidad o el hogar perfectos solo existen en la mente de los
ilusos.
Cada cual mira en cuál religión se
siente mejor o, si
es el caso, está con Dios y ama sin estar en algún credo.

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