Comunidad
judía que existió hasta el segundo siglo de la presente era
Los
fariseos fueron un grupo o movimiento político y social, así como una
escuela de pensamiento judía en la Tierra de Israel durante el período del Segundo Templo. Tras
el sitio de Jerusalén y la destrucción del Segundo Templo en el año 70 d. C., el movimiento fariseo evolucionó
para convertirse en la base litúrgica y ritual del judaísmo rabínico. Los fariseos son especialmente
conocidos por su relación con los orígenes del cristianismo, por sus
conflictos con Juan el Bautista y con Jesús de Nazaret. El Nuevo Testamento menciona que Pablo de Tarso
era fariseo antes de convertirse al cristianismo.
Los fariseos definían que su movimiento nació en el período de la
cautividad babilónica (587 a. C.-536 a. C.). Algunos sitúan su origen
durante la dominación persa y los consideraban sucesores de los asideos y
precursores del judaísmo rabínico.
Doctrina
A diferencia de los saduceos (o zadokitas), los fariseos lograron que sus interpretaciones fueran aceptadas por la mayoría de los judíos. Por ello, tras la caída del Templo, los fariseos tomaron el control del judaísmo «oficial», y transformaron el culto. El más alto representante del judaísmo era el Sumo Sacerdote, cargo que debido a la destrucción del templo se volvió innecesario; así el culto pasó a la sinagoga. De los antiguos fariseos surgió la línea rabínica ortodoxa de los doctores de la ley que fue la que redactó los distintos Talmud. Su doctrina puede resumirse así:
Creían
en la libertad humana. Ciertamente el Destino influía en los hombres,
pero estos no eran juguetes en sus manos. De hecho, podían decidir lo que querían hacer con su vida.
Creían en la inmortalidad del alma. No todo acababa con la muerte, sino que las almas seguían viviendo.
Creían
en unos castigos y una recompensas eternas. Las almas de los malos eran
confinadas en el Infierno para recibir su castigo, mientras que las de los
buenos eran premiadas.
Creían
en la resurrección. Las almas de los buenos recibirían un nuevo cuerpo.
No se trataba de una sucesión de cuerpos humanos mortales -como sucede en las
diversas visiones de la reencarnación- sino de un cuerpo para toda la eternidad.
Creían
en la obligación de obedecer su tradición interpretativa referida a
obligaciones religiosas como las oraciones, los ritos de adoración, etc.
Estaban
dispuestos a obtener influencia política en la vida de Israel. Quizá
contaron ya con cierto peso antes de Herodes, pero después de ese reinado
perdieron influencia.
Conflicto
político-religioso
Los fariseos se opusieron a la política del Sumo Sacerdote Juan Hircano (134-104 a. C.), quien actuó apoyado por los saduceos. Juan Hircano, hijo de Simón Macabeo, vivía más como un rey pagano que como un sacerdote judío, y los sectores tradicionalistas criticaban la identificación entre la realeza y el sacerdocio, reclamando una separación de ambas funciones. El líder fariseo Eleazar exigió que Juan Hircano renunciara al sumo sacerdocio.
El
enfrentamiento de los fariseos contra los saduceos se agudizó durante los
reinados de los hijos de este, Aristóbulo I (104-103 a. C.) y Alejandro
Janeo (103-76 a. C.) Este último reprimió un levantamiento popular e hizo
crucificar a tres mil fariseos. La viuda de Alejandro Janeo, Alejandra Salomé
reinó del 76 al 67 a. C., rehabilitó a los sacerdotes fariseos y los hizo parte
del Sanedrín o senado judío, acrecentando su influencia política y religiosa.
La reina nombró a su hijo Hircano II como Sumo Sacerdote, con el apoyo fariseo.
El
hermano menor de este, Aristóbulo II se proclamó rey a la muerte de Alejandra y
depuso a Hircano II, que buscó refugio entre los nabateos, con cuyo rey
Aretas III y con ayuda farisea sitió Jerusalén en el 65 a. C., pero fue
derrotado debido a que los romanos apoyaron a Aristóbulo II.
Gracias a las gestiones de su canciller, el idumeo
Antípatro, Hircano II logró
el apoyo del general romano Pompeyo, quien tomó Jerusalén en el 63 a. C., y lo
reinstaló como Sumo Sacerdote, llevándose a Aristóbulo a Roma, mientras
Antípatro ejercía de hecho como gobernante de Judea. El poder político y
religioso de los fariseos se mantuvo así. Muerto Pompeyo, Julio César nombró a
Hircano II etnarca de Judea y al hijo de Antipatro, Herodes, como gobernante
militar de Galilea.
En el 40 a. C., Antígono Matatías, hijo de Aristóbulo II,
con apoyo del Imperio parto y de los saduceos, tomó el poder, detuvo y mutiló a Hircano II.
Herodes que había huido y el general romano Socio, retomaron Jerusalén en el 37
a. C. En connivencia con
el Imperio romano, Herodes fue rey entre el 37 y el 4 a. C. y contrajo
matrimonio con Mariana, hija de Hircano II, a quienes luego ejecutó, provocando
la ruptura entre los fariseos y la dinastía herodiana.
En el 4 a. C. el fariseo Saddoq y Judas el Galileo se levantaron llamando a no
pagar impuestos a Roma. El hijo de Herodes, Herodes Arquelao y el jefe
militar romano Varo reprimieron el levantamiento: dos mil rebeldes fueron
crucificados. Se considera
que esta sublevación fue el origen de los zelotes, que consideraban que
la única forma de quitarse el yugo romano era a través de alzamiento en armas, tal como intentaron con fatal y
trágico resultado. La rebelión acabó con el suicidio colectivo de la
asediada Masada (año 73 d. C.).
Rasgarse las vestiduras
El pasaje del evangelio en que los fariseos se "rasgaban las vestiduras" delante de las palabras de Jesús[1] (costumbre antigua en señal de duelo o de ultraje público), ha hecho que la frase "Rasgarse las vestiduras" sea muy popular en algunos países cristianos, para expresar la indignación -fingida- de alguien delante de un hecho determinado, desaprobándolo.
Desavenencias
En muchos pasajes del nuevo testamento los fariseos aparecen como unos sectarios, defensores más de la ley oral que de la ley mosaica, según Jesús.
A diferencia de los saduceos (o zadokitas), los fariseos lograron que sus interpretaciones fueran aceptadas por la mayoría de los judíos. Por ello, tras la caída del Templo, los fariseos tomaron el control del judaísmo «oficial», y transformaron el culto. El más alto representante del judaísmo era el Sumo Sacerdote, cargo que debido a la destrucción del templo se volvió innecesario; así el culto pasó a la sinagoga. De los antiguos fariseos surgió la línea rabínica ortodoxa de los doctores de la ley que fue la que redactó los distintos Talmud. Su doctrina puede resumirse así:
Creían en la inmortalidad del alma. No todo acababa con la muerte, sino que las almas seguían viviendo.
Los fariseos se opusieron a la política del Sumo Sacerdote Juan Hircano (134-104 a. C.), quien actuó apoyado por los saduceos. Juan Hircano, hijo de Simón Macabeo, vivía más como un rey pagano que como un sacerdote judío, y los sectores tradicionalistas criticaban la identificación entre la realeza y el sacerdocio, reclamando una separación de ambas funciones. El líder fariseo Eleazar exigió que Juan Hircano renunciara al sumo sacerdocio.
El pasaje del evangelio en que los fariseos se "rasgaban las vestiduras" delante de las palabras de Jesús[1] (costumbre antigua en señal de duelo o de ultraje público), ha hecho que la frase "Rasgarse las vestiduras" sea muy popular en algunos países cristianos, para expresar la indignación -fingida- de alguien delante de un hecho determinado, desaprobándolo.
En muchos pasajes del nuevo testamento los fariseos aparecen como unos sectarios, defensores más de la ley oral que de la ley mosaica, según Jesús.

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