Tú me hiciste, Señor, tu tierra abierta con vocación
de sementera.
Tú, sembrador de
belleza y de armonía,
sembraste en mí tu
amor, tu paz, tu risa.
sembraste tu
Palabra, tu fe, tu libertad,
tu Eucaristía.
sembraste tu verdad, tu salvación, tu justicia.
sembraste filiación, Resurrección y Vida.
¡Cuánta buena
semilla, sembrador de mi tierra
regada ya al inicio
con agua de bautismo!
Por todo, yo te
bendigo, Señor.
Tú me hiciste, Señor, tu tierra abierta con vocación de
sementera.
Ha habido gentes
–mi familia, mis amigos, mi grupo- que me han amado bien
y han sembrado en
mis surcos una amistad sincera, la alegría de vivir, la música y la fiesta, el
calor de tu Palabra
y el gozo de la
fraternidad.
Han dejado caer abiertamente
la pasión por la paz, un respeto leal por la naturaleza,
un deseo de
justicia y de bondad universal a la par de tu Evangelio.
¡Cuánta buena semilla sembrada ya en mi tierra!
Tú me hiciste, Señor, tierra abierta con vocación de
sementera.
Mas alguien también
sembró cizaña
que me hace
estallar en dolor
y me rompe en mil
pedazos por dentro.
Escarbo aquí, en mi
tierra,
y también encuentro
la mentira, el engaño,
la indiferencia
amarga y el olvido de Ti...
Me encuentro a
veces fragmentada, Señor,
me encuentro
extraña en mi propia tierra,
sin dueño, sin
sendero por el que ir.
Es entonces cuando
más necesito volverme para dejarme mirar por Ti, sembrador de mi existencia.
Es entonces cuando mi tierra reseca añora tu agua, tus
manos de labrador, tu siembra,
y vuelvo a recordar que tú me hiciste, Señor,
tierra abierta con vocación de sementera.
Hoy vengo ante Ti,
sembrada como estoy con mi tierra en las manos,
sabiendo que Tú me
amas, así, sencillamente,
esperando la
recogida del verano.
Yo sé, Señor, que
el tiempo llegará en que Tú mismo arranques mi cizaña para el fuego
a recojas mi trigo
maduro y dispuesto.
Gracias, mi labrador, mi sembrador, mi dueño.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Por favor, escriba aquí sus comentarios