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CARTA DE DESPEDIDA DE UNA HERMOSA HIJA A SU GRAN PADRE

 

“Poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas” es la frase que mas presente tengo en mi memoria a la partida de mi padre, y es que era una de sus predilectas, tomada de San Josemaría fundador del Opus Dei, que nos mostró el camino para llegar al cielo convirtiendo todos los momentos y circunstancias de nuestra vida en ocasión de amarle. Una gran fortuna haber nacido en el seno de un hogar luminoso y alegre, donde la Fe es el centro y raíz, trasmitida a través del ejemplo de nuestros padres, que con su fidelidad y amor a la voluntad del Señor se hicieron uno solo, un complemento perfecto.
 
Quiero compartirles dos mensajes que recibí de mi padre, el primero de ellos un consejo para vivir estos tiempos de cuarentenas extendidas:
 
“¡Nanita! No tienes que hacer nada especial, es vivir lo ordinario con naturalidad, sabiendo ver en Manuel y los niños, por estos días, la figura de Cristo como hombre, que sufre, que llora, que se angustia… y que como Dios calma la tempestad y ama sin medida; esta es la verdadera presencia de Dios: ¡Ver en los demás a Cristo! Que gran oportunidad tenemos con lo que está pasando, para vivir la presencia de Dios de esta forma.”
 
El segundo y lo que llamaría la conclusión de sus enseñanzas:
“¡Muy querida Nanita!, Nosotros ponemos un poquito de nuestra parte y el Señor lo da todo, esta es la ecuación: Reconocer y amar a Dios con humildad, sin sometimientos ni servilismos, con espontaneidad de niños y enamorados de veras de Dios.”
 
Repitamos despacio esta última frase: Enamorados de veras de Dios.
Señor, que junto a tu Madre la Virgen Maria y San Jose nos lleves de la mano por este trasegar en un mundo maravilloso, que a pesar de sus dolencias: ¡VALE LA PENA VIVIR!
 
Papa y Mama, Gracias Infinitas.


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