La ansiedad es un trastorno mental que puede afectar
fuertemente nuestras vidas. Los ataques de ansiedad afectan tanto el estado
físico como el mental. La ansiedad es capaz de influir en diferentes sistemas
del cuerpo y su severidad puede asociarse con otros trastornos o enfermedades.
Muchos creen que la ansiedad en
un estado mental simple en el que la persona experimenta sentimientos de preocupación,
miedo y nerviosismo. Sí, es cierto, pero la ansiedad es un trastorno mental que va mucho más allá.
Suponemos bien al decir que este problema inicia en el cerebro, en cómo las
personas perciben su vida, pero la realidad es que también afecta el estado físico.
La ansiedad es esa sensación de que algo malo va a ocurrir
en el futuro. Te sientes incierto, nervioso y aprensivo, siempre crees
estar al límite de una tragedia.
¿Cómo afecta la ansiedad tu cuerpo?
Cuando estás en una posición en
la que se desarrollas ansiedad, empieza una cadena consecutiva de eventos en
respuesta como una lucha o huida. Esta respuesta llega sin pensarlo porque se activa como defensa desde
el sistema nervioso. La respuesta consiste en el control de las funciones
básicas y vitales como la respiración o el ritmo cardiaco.
En este aspecto, el sistema
nervioso actúa en base a dos ramas, el sistema parasimpático y el sistema simpático. Ambos funcionan
hacia diferentes direcciones y solo una domina a la vez, nunca las dos. Cuando
experimentamos ansiedad, actúa
el sistema simpático produciendo una “descarga de adrenalina”.
Estos son los síntomas físicos producidos por la ansiedad
y por los que debes preocuparte. Tratar la ansiedad es esencial para mejorar tu
calidad de vida en muchos sentidos.
Dolor en el pecho y taquicardia
Podrías creer que estás teniendo
un ataque cardiaco, pero no se trata de eso. Cuando tienes ansiedad o tienes un
ataque de pánico, el ritmo cardiaco se acelera para hacer llegar más rápido la
sangre a todo el cuerpo y prepararse para la circunstancia. Esto puede
ocasionar hiperventilación y la contracción de los vasos sanguíneos que
conllevan al dolor en el pecho.
Dificultad para respirar
En los periodos de ansiedad
experimentas falta de aire y presión en el pecho que te hace más consciente de
tu respiración y lo mucho que se te dificulta esa acción básica. Así que
terminas respirando en exceso y tomando más oxígeno.
Dolor muscular y en las extremidades
De la misma forma que sientes
dolor en el pecho, la ingesta excesiva de oxígeno genera sensaciones y dolores
en los músculos.
Entumecimiento, hormigueo y sensación de debilidad
Este es un síntoma muy común en
personas con ansiedad. Se puede presentar en cualquier parte del cuerpo pero
sucede más en el rostro, manos, brazos, pies y piernas. Esto pasa porque la
sangre se transporta a los sitios donde es más vital; dejando las áreas menos
importantes debilitadas, adormecidas y con la sensación de hormigueo.
Cambios de temperatura. Calor y sudoración excesiva,
temblores
La descarga de adrenalina provoca
un aumento de la temperatura corporal. Así que el cuerpo reacciona tratando de
conseguir una temperatura más saludable, por ello la transpiración excesiva. A
la vez el sudor puede provocarte la sensación de frío. Mucho más después de un
ataque de pánico, el cuerpo se va enfriando pero continúa sudando para evitar
un sobrecalentamiento provocando escalofríos.
Mareos
El corazón al bombear con más
fuerza se asocia con aumento proporcional de la presión arterial. Esto te hace
sentir mareado y aturdido al momento de un ataque de pánico o de extrema
ansiedad.
Dolor de cabeza
La acumulación de estrés por los
episodios de ansiedad genera un fuerte dolor de cabeza. Genera debilidad y
dolor agudo en diferentes áreas de la cabeza.
Problemas para dormir
La acumulación de tensión hace que
sea difícil conciliar el sueño, de la misma forma cuando sientes preocupación
constante y no puedes apagar tus pensamientos frente a los problemas que te
mantienen estresado. En esos casos debes probar técnicas de relajación a través
de la meditación o de la aromaterapia para ayudar a tu mente a despejarse de la
tensión.
Trastornos estomacales
Durante un ataque de pánico la
sangre se desvía y no llega a las zonas donde no es tan necesaria, y uno de
esos lugares es el estómago. Por ello experimentas la sensación de agitación en
el estómago o como si tuvieras mariposas cuando estás ansioso. Puede que te den
ganas de ir al baño deprisa porque el cuerpo quiere deshacerse de cualquier
exceso que ralentice la lucha del sistema nervioso en un episodio de ansiedad.
Dificultad en la audición
Se te hace difícil concentrarte en los sonidos
que se escuchan a tu alrededor. Podrían estar hablándote pero podrías no
comprender nada. También podrías experimentar lo contrario, una extrema
sensibilidad a los sonidos si la razón de tu ansiedad es porque estás delante
de un peligro potencial.

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