La hipertensión arterial es una enfermedad crónica que,
si no se trata, puede ocasionar problemas graves de salud. Suele ser
asintomática pero, una vez diagnosticada, requiere el seguimiento de una serie
de pautas básicas para prevenir subidas de la presión arterial que puedan
desembocar en un infarto de miocardio u otras complicaciones.
Adoptar hábitos de vida saludable que incluyan una dieta
equilibrada, como la mediterránea, y la práctica regular de una actividad física moderada
son claves para controlar una patología que no solo afecta a las
personas mayores: los jóvenes constituyen un grupo de riesgo importante, al no
ser habitual que acudan a las consultas médicas por gozar, en principio, de un
buen estado de salud general.
Las recomendaciones generales
para reducir las probabilidades de sufrir hipertensión pasan por una alimentación variada,
que limite el consumo de
grasas y bebidas alcohólicas, así como por la práctica de ejercicio moderado una media de tres veces por semana durante,
al menos, 45 minutos. Son consejos que debería seguir toda persona
interesada en el autocuidado de su salud pero que, en el caso de los que
cuentan con antecedentes familiares de hipertensión arterial, se convierten en
premisas básicas.
Ejercicio físico
La práctica de ejercicio físico
es altamente recomendable, pues no sólo ayuda a que se produzca una reducción
de las presiones arteriales, sino que también tiene un efecto beneficioso sobre
otros factores de riesgo cardiovascular tales como la obesidad, la diabetes, el
colesterol alto, etcétera. Sea cual sea su edad, hacer regularmente ejercicio
físico moderado es un hábito saludable que le reportará beneficios a lo largo
de toda la vida, algunos de ellos se los exponemos a continuación:
Beneficios del ejercicio físico:
Le da más energía y capacidad de
trabajo.
Aumenta la vitalidad.
Ayuda a combatir el estrés y a
relajarse.
Mejora la imagen que usted tiene
de sí mismo.
Incrementa la resistencia a la
fatiga.
Ayuda a combatir la ansiedad y la
depresión.
Mejora el tono muscular.
Quema calorías, ayudándole a
perder su peso de más o a mantenerse en su peso ideal.
Ayuda a combatir los problemas de
insomnio.
Proporciona un camino fácil para
compartir una actividad con amigos o familiares y una oportunidad para hacer
nuevos amigos.
Riesgos potenciales:
Hay que reconocer, no obstante,
que el ejercicio físico también tiene una serie de potenciales riesgos como
son:
Daño muscular o articular.
Agotamiento cardiaco: ocurre en
contadas ocasiones.
Agravación de problemas cardiacos
existentes o latentes.
Estos riesgos no implican la
necesidad de ir al médico antes de iniciar una actividad física si el paciente
lleva a cabo un programa razonable, gradual y acorde a su edad y condición
física.
Sin embargo, algunas personas con
patologías muy concretas sí deben consultar al médico antes de comenzar a
realizar ejercicio físico, como es el caso de los cardiópatas, individuos con
patología ósea como artritis, hipertensos muy descompensados, diabéticos
insulinodependientes, o pacientes con historial familiar de enfermedad
coronaria prematura.
Lo más importante en cualquier caso es que la persona
comience a hacer ejercicio con un programa que implique un entrenamiento suave
y, de forma gradual, se vaya incrementando su intensidad a lo largo de
las jornadas sucesivas de ejercicios.
Consumo moderado de alcohol
¿Qué hay acerca de beber vino en la mesa?
El vino no es nocivo, sólo lo es si lo tomamos en exceso.
Un vaso o dos contribuye a un buen equilibrio alimentario y puede llegar a ser
un placer. Pero al igual que ocurre en el caso de los obesos, entre personas
que toman grandes cantidades de alcohol la incidencia de la hipertensión es
significativamente superior a la existente entre los bebedores moderados. Es
decir, beber alcohol en exceso aumenta la tensión arterial, pero este efecto no
se manifiesta si las cantidades de alcohol son moderadas.
Es importante señalar que el consumo de hasta 40 gramos
diarios de alcohol, no solo no produce elevación de la tensión arterial, sino
que se asocia a una pequeña disminución de la misma, aunque al hipertenso que
no bebe no se le aconseja que lo haga. No obstante, hay que recordar que
las bebidas alcohólicas tienen calorías, por ello, si estamos sometidos a una
dieta baja en calorías se debe restringir su uso.
Algunas veces hay que limitar aún más el
consumo de alcohol, sobre todo si, como es frecuente, la hipertensión se
asocia a enfermedades metabólicas como diabetes o al aumento de ciertas grasas
en la sangre (triglicéridos).
¿Cómo saber si nos excedemos con el alcohol?
La forma adecuada de calcular
cuánto alcohol consume una persona es anotando todas las bebidas que ingiere a lo largo de la semana;
no se considera válido el cálculo de un día aislado.
Se considera un consumo de alcohol excesivo:
Más de 40 gramos/día (5 unidades) o 280 gramos a la
semana en el hombre.
Más de 24 gramos/día (3 unidades) o 168 gramos a la
semana en la mujer.
Se estima que una unidad de
alcohol equivale a 8 gramos de alcohol, que es lo que contiene un vaso de 100
ml. de vino, una caña de 200 ml de cerveza o una copa de 50ml. de vino de
Jerez.
Claves para una buena alimentación
Al cocinar es fundamental reducir
el aporte de sal de los alimentos.
La dieta del paciente hipertenso debe ser variada, rica
en frutas y verduras, lácteos bajos en grasa y pobre en sal. Además, las grasas
no deben suponer más del 10 por ciento del total de los alimentos que se
consumen.
A partir del diagnóstico los
pacientes tendrán que
fijarse y adecuar más sus comidas. A partir de ese momento debe evaluar
la composición y cantidad de alimentos de su dieta.
Es importante vigilar la cantidad de sodio incluido en
muchos alimentos, como el pan, las conservas y embutidos, e incluso
aquellos que no parecen salados”, afirma.
El otro cambio fundamental que
debe producirse es la cantidad excesiva de alimentos que se consumen y que
llevan al sobrepeso u obesidad, que acompañan casi siempre a la hipertensión.
Es importante seguir una dieta
equilibrada y variada. “De
esta forma evitaremos el cansancio que supone una pauta muy monótona:
introducir nuevas frutas o verduras, aprovechar la variedad de pescados,
legumbres, utilizar especias alternativas a la sal, como la pimienta, el
orégano, vinagre o limón. Asimismo, es muy aconsejable repartir nuestra
ingesta de alimentos en varias tomas al día, idealmente cinco, y evitar el atracón de mediodía
o de la cena”, añade.
Un paciente que conoce las posibles
complicaciones de la hipertensión puede entender mejor las recomendaciones
que su médico o su enfermera le están indicando, tanto sobre cambios de estilo
de vida como sobre tratamiento farmacológico y, en consecuencia, ponerlas en
práctica
El paciente debe ser parte activa en el manejo de su
enfermedad, sobre todo en el caso de la hipertensión arterial, en la que buena
parte del éxito del tratamiento depende de la implicación del paciente.
Existen múltiples evidencias
clínicas que demuestran que cuanto
más alta es la presión arterial, mayor es la probabilidad de sufrir
enfermedades cardiovasculares.
Todos los expertos coinciden en
que mantener las cifras de
presión por debajo de los valores mencionados reduce de forma significativa el
riesgo de complicaciones
Algunos estudios han demostrado
que la pérdida de 5 kg
reduce la presión arterial sistólica en 4,4 mmHg.
“El tratamiento tiene dos vertientes: modificación del
estilo de vida y fármacos. En la mayoría de los casos son necesarias las dos”.
Y recalca que la modificación del estilo de vida mejora la eficacia de la
medicación.
Con la llegada del verano y el
calor, los hipertensos pueden experimentar cambios que conviene conocer para
evitar las posibles consecuencias negativas en su salud.
La presión arterial no es tan
estable como se suele pensar, sino que experimenta variaciones frecuentes. El
ejemplo más claro es la fluctuación entre el día y la noche: es normal que durante el sueño
descienda algo más del 10 por ciento respecto a las cifras que se registran
durante las horas en las que estamos activos.
Debido al efecto vasodilatador
del calor, en el verano la presión arterial puede ser más baja que en el
invierno.
La altitud al nivel del mar también contribuye a reducir
la presión arterial y
otro factor que puede facilitar esa bajada es la disminución del estrés y la
relajación propias de los periodos de vacaciones.
Una buena hidratación es siempre el mejor aliado y
beber agua es la opción óptima para conseguirla.
Nunca olvidarse de la dosis de medicación. Poner
alarmas en el móvil ayuda a recordar las tomas.
Las personas con hipertensión deben ser prudentes con el
alcohol y, sobre todo, que aumenten el ejercicio físico.
No al tabaco y la sal

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