Unido a ti, Dios de amor infinito y energía creadora, cultivo lo que me
regala paz interior: el amor incondicional.
Creía que dar amor incondicional a quien me da odio era de necios.
Hoy sé que es de sabios.
Amarme y amar me da una calma interior en la que nada me
perturba ni me genera miedos.
Con amor incondicional logro eliminar de mi el sufrimiento que es mental y brota de pelear con la realidad.
Gano paz al dejar de hacer resistencia a la realidad y decido
fluir en lugar de batallar con lo que no puedo cambiar.
Elijo vivir en la felicidad, irradiar bienestar, ser un ser de amor de paz y de
luz, y la gente que se me acerca se contagia de ello.
La felicidad es una esfera de luz tapada cuando la cubre el velo del
desamor.
Puedo producir la luz, si
amo y me amo.
Mi vida fluye serena, a pesar de los contratiempos, porque decido aceptarme, aceptar a los otros y aceptar la realidad.

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