¿Vale
la pena preocuparse?
¿Vale
la pena inquietarse?
¿Vale
la pena angustiarse?
Lo que ha de ser, es inevitable y lo que ya sucedió, es
irremediable.
Comprender
esta verdad irrevocable y gestionar nuestras emociones, constituye un avance
muy significativo.
No es
saludable estar ansiosos, no es conveniente estar estresados ni tristes.
Nuestra paz y tranquilidad no tienen precio; y la tranquilidad y la paz solo
llegan, cuando aprendemos a aceptar, no desde la resignación y conformidad,
sino desde la comprensión y convicción de que todo sucede por un motivo
y una causa que aunque no se vea, no se toque y no se conozca, siempre es para evolucionar.

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