En
nuestra cultura “la muerte es terrible”.
Esa es la expresión que más se escucha en una
velación.
Y
es obvio que no es fácil
separarse de un ser amado y menos cuando su transición es dolorosa.
No es igual partir sereno en la cama
que hacerlo asesinado, en un accidente o de un modo trágico.
Sin
embargo, aún así, la
muerte es un paso entre vidas, es estar en paz y armonía y reencontrarse con
otros espíritus.
Hay
vida en la muerte y para el espíritu nunca es terrible trascender porque la vida sigue.
Son
nuestros conceptos de la muerte y nuestros apegos y temores los que nos hacen daño.
La transición ya está elegida antes de
encarnar y uno se va cuando es y como es, ni antes ni después.
Dios no nos quita a nadie ni puede
evitar que un ser trascienda incluso con una muerte que se
ve “terrible” como la de Jesús.

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