Amarte es dedicar tiempo y energía a estar alerta con las palabras que
empleas, sin percatarte de su poder superlativo.
Abundan las expresiones negativas como las que oyes en un avión. “No olviden sus objetos de mano”. O estos por doquier: “¿Te puedo
robar unos minutos?”. “Con ese regalo me mataste”. “La fiesta estuvo de
infarto”. “Estoy matado con tu visita”.
Acaso pensarás que eso no tiene
importancia, pero es
erróneo porque las palabras tienen mucho poder.
Cuando le dices a un niño “cuidado no se vaya a caer”,
la mente suele ignorar el no y
asimila la palabra caer.
De hecho, he visto como un niño se cae
cuando le dicen eso con un
lenguaje cargado de negatividad.
Para el cerebro es un lío comprender por
qué tú “te mueres de la
dicha” o “estás matado con un paseo”.
Para que estés bien alerta te digo: no
olvides esto, te robé unos minutos, no deseo que estés de muerte lenta con este mensaje.

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