Aforismo
es una declaración u oración que pretende expresar un principio de manera
concisa, coherente y en apariencia definitiva.
El
placer es dificultad, sueño; el dolor,
prepara el camino a la inspiración.
La felicidad actúa como el sueño, adormece y debilita. El
dolor funciona como un despertador. A veces, parece un látigo que nos obliga a
seguir andando; otras, por medio de lágrimas, nos recuerda lo efímero de las
cosas. La felicidad es positiva cuando viene de un estado interior de
consciencia, cuando es un resultado, una consecuencia de una suma de virtudes
que actúan en conjunto. La felicidad que llega por otros caminos, nos lleva al
sueño cuyo despertar, inevitable, puede ser terrorífico. El dolor es positivo
si añade experiencia a nuestro conocimiento. Caso contrario, embrutece y
acumula odio y rencor por todo lo que parece nos niega.
El
hombre razona de acuerdo con sus propias conveniencias.
Verdad y mentira, justicia e injusticia, todo es circunstancial
y depende de los hombres que legislan, de los usos y costumbres y otros
condicionantes que varían geográficamente. Monogamia y poligamia, monoteísmo y
politeísmo, xenofobia, limpieza étnica y tantos misterios de la conducta
humana, escapan de la razón para formar parte del alma de los pueblos . ¿Entendemos
la Ley de Lynch? ¿Comprenderemos la cremación de las viudas? ¿Bastan dos
testigos para acusar de un delito? ¿Es lícito el aborto? El hombre actúa desde
su particular razón y conveniencia, bien sea en su nombre o en el de la comunidad,
cuya representación dice ostentar.
Aquellos
que intentan ver virtudes en sus faltas
son los que tantean cada vez más en las
tinieblas.
Dicen que las
costumbres hacen leyes. No hay duda de que la legislación de los pueblos obedece
al poder que de él emana. Y de acuerdo con su evolución y medios de
subsistencia se confeccionan las leyes que los rigen. Así se constituyó la
moral, que emana del fondo popular y marca la idiosincrasia de los hombres que integran
la sociedad. Pero, quienes hacen de todo una virtud, cerrando las puertas a
cualquier cambio, inmovilizando pretenciosamente la ley divina del movimiento
eterno, pecan de ignorancia y sus nombres son borrados de la memoria del
pueblo.
Desear
la venganza es desear el veneno-
Desde la antigüedad
la venganza, como veneno de la mente y la sangre, fue conocida por los
iniciados. Efectivamente, las personas vengativas viven como bajo los efectos
de un tóxico que corroe la sangre y predispone la mente a algún tipo de
demencia que nos hace actuar sin medir las consecuencias. No hay mejor venganza
que el perdón incondicional, pues nos da acceso a la paz y la serenidad necesarias
para vivir una vida armoniosa.

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