Imaginemos
nueve personas ordenadas en un cuadrado: tres columnas de tres, separadas las
filas y columnas uniformemente. A esta disposición podemos calificarla de
ordenada, porque es simétrica, fácil de visualizar y fácil de describir.
Si los nueve dan al mismo tiempo un paso hacia adelante,
permanecerán en formación y la disposición seguirá siendo ordenada. Y lo mismo
ocurre si todos dan un paso hacia atrás, o un paso a la izquierda, o a la
derecha.
Pero
supongamos que a cada uno se le dice que tiene que dar un paso hacia adelante,
hacia atrás, a la izquierda o a la derecha dejándole que elija la dirección.
Puede ser que todos ellos, sin mutuo acuerdo, decidan dar un paso hacia
adelante, y en ese caso se mantendrá el orden. Pero la probabilidad que uno de ellos dé un paso hacia
adelante es sólo de 1 entre 4, puesto que es libre de moverse en cuatro
direcciones La probabilidad que los nueve hombres decidan independientemente
avanzar hacia adelante es de
1 entre 4 x 4 x 4 x 4 x 4 x 4 x 4 x 4, ó 1 entre 262.144
Si
todos ellos se mueven hacia la derecha, o hacia la izquierda, o hacia atrás,
también seguirán en orden, de manera que la probabilidad total que no se
rompa la formación es de 4 entre 262.144, ó 1 entre 65.536. Como se ve, el orden tiene una
probabilidad diminuta, y sabemos que en el momento que demos libertad para
moverse, bastará un solo paso para romper el cuadrado y disminuir la cantidad
de orden. Incluso si, por casualidad, todos se mueven en bloque, es casi
seguro que el siguiente paso romperá la formación.
Todo esto para el caso que sólo haya nueve hombres y
cuatro direcciones de movimiento. En la mayoría de los procesos naturales
intervienen billones y billones de átomos que se pueden mover en infinidad de
direcciones. Si, por casualidad, la disposición de átomos estuviera en un
principio sometida a alguna clase de orden, es casi seguro que cualquier
movimiento aleatorio, cualquier cambio espontáneo, disminuiría ese orden, o por decirlo de otra manera,
aumentaría el desorden.
De acuerdo con el segundo principio de la termodinámica, la entropía del universo está en
constante aumento; es decir, la distribución de energía en el universo está
constantemente igualándose. Puede demostrarse que cualquier proceso que
iguala las concentraciones de energía aumenta también el desorden.
Por consiguiente, esta tendencia a incrementar el desorden en el universo
con los movimientos aleatorios libres de las partículas que lo componen no es
sino otro aspecto del segundo principio, y la entropía cabe considerarla como
una medida del desorden que existe en el universo.
Miradas las cosas de esta manera, es fácil ver la mano
del segundo principio por doquier, porque los cambios naturales actúan claramente en la dirección del
desorden; para restaurar el orden hace falta un esfuerzo especial, y su
esfuerzo cae sobre nuestras espaldas.

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