El
estudioso francés Juan Francisco Champollión dedicó 22 años a escudriñar e
interpretar los jeroglíficos.
Gracias
a él hoy desciframos los escritos de las tumbas o los templos egipcios porque fue un
investigador pertinaz.
Por años su esfuerzo parecía estéril y vivía pobre, solo y despreciado por los que se
burlaban de estudios y teorías.
De hecho, en contra de lo que se pensaba, él creía que esos dibujos
simbolizaban sonidos para expresar palabras.
Un día y otro buscaba con paciencia infinita las claves de interpretación en la
famosa piedra de Roseta hallada en Egipto.
Una
valiosa piedra con escritos en tres idiomas, incluidos el griego antiguo
y el demótico, que nadie era capaz de descifrar.
Un
día, en 1822, este perseverante investigador pudo gritar “lo tengo”, al
descubrir el nombre de Ramsés en los jeroglíficos.
Ese
día, después de 22 años de dedicación, se abrieron las puertas del ignoto y
maravilloso mundo egipcio.
¡Insiste y persiste!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Por favor, escriba aquí sus comentarios