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BUENAS ACCIÓNES Y BUENAS INTENCIÓNES GENERAN UN BUEN KARMA

 



En la complejidad de la existencia, donde nuestras acciones entrelazan destinos y nuestras intenciones tejen el tapiz de nuestra moralidad, surge la noción fascinante del karma. En este vasto universo, donde cada elección deja una huella, la intersección entre buenas acciones y buenas intenciones se convierte en el crisol que forja el destino que nos aguarda.

Las buenas acciones, como semillas lanzadas al viento, encuentran su camino para germinar en terrenos a menudo insospechados. Cada gesto amable, cada palabra de aliento, es una contribución al flujo incesante de energía que es el karma. No es simplemente un intercambio de favores en el ámbito tangible, sino una resonancia en el tejido invisible que conecta a todos los seres. El karma, en su esencia, es la danza cósmica de causa y efecto, y las buenas acciones son las notas melodiosas que contribuyen a esta sinfonía universal.

Sin embargo, las acciones solas no son suficientes para comprender plenamente la complejidad del karma. Las intenciones, los matices invisibles de nuestro ser, añaden profundidad a nuestra contribución al mundo. Es el faro que guía nuestras acciones, el motor que impulsa nuestras elecciones. La energía que ponemos en nuestras intenciones reverbera en el universo, afectando no solo el resultado de nuestras acciones, sino también la calidad misma de nuestra existencia.

Cuando las buenas acciones y las buenas intenciones se entrelazan, se crea un karma virtuoso que actúa como un imán, atrayendo positividad hacia nuestras vidas. Es el eco benevolente de nuestras elecciones resonando en el vasto corredor del tiempo. Sin embargo, no podemos ignorar que el karma es un tejido complejo, y las malas acciones y malas intenciones también pueden generar su propia cosecha.

Es un recordatorio de que la verdadera esencia de las buenas acciones va más allá de la búsqueda de recompensas tangibles. Es una inversión en el bienestar colectivo, una contribución consciente a la armonía universal. En un mundo donde las tempestades de la vida pueden nublar nuestro juicio, cultivar buenas acciones y buenas intenciones es como plantar un jardín en el alma, donde cada flor emite el aroma embriagador de un karma positivo.

Así que, mientras navegamos por las corrientes de la existencia, recordemos que nuestras acciones y nuestras intenciones son las herramientas con las que esculpimos nuestro destino. Al sembrar semillas de bondad y cultivar intenciones nobles, cosecharemos un karma que nos envolverá en un abrazo cálido y benevolente. 


REFLEXION
En sentido popular karma es para muchos el efecto negativo de una acción, lo que se recoge.
 
En realidad el término karma puede ser la causa y el efecto de una acción humana.
 
El karma nace en el deseo y luego se expresa en la acción.
 
Deseas y luego actúas con la mente, el cuerpo y las palabras.
 
Con acción e intención puras hay un buen karma, con una acción e intención incorrectas, tienes un mal karma.
 
Los frutos futuros dependen de tu deseo o karma en el presente.
 
Es una ley universal o cósmica.
 
En otras palabras, pronto o después cosechas lo que siembras, Es lo que llaman también Ley de compensación.
 
Pero no todo lo "malo" es fruto de un karma.
 
 La dura muerte de un ser de luz como Jesús no fue para pagar nada sino para dar vida.

Desde antes de venir a la tierra puedes programar un cáncer u otro "mal" para enseñar a otros y evolucionar.
 

NOTA: El buen karma es el reflejo de un corazón generoso y una mente compasiva, iluminando nuestro camino en esta maravillosa travesía llamada vida.





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