Era
una mañana agitada, eran las 8:30, cuando un señor mayor de unos 80 años, llegó
al hospital para que le quitaran los puntos de su pulgar. El señor dijo que
estaba apurado y que tenía una cita a las 9:00 am.
Comprobé sus señales vitales y le pedí que
tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que
alguien pudiera atenderlo. Lo
ví mirando su reloj y decidí, que ya que no estaba ocupado con otro paciente,
podría examinar su herida. Durante el examen, comprobé que estaba
curado, entonces le pedí a uno de los doctores, algunos elementos para quitarle las suturas y
curar su herida.
Mientras le realizaba las curaciones, le pregunté si tenía una cita
con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado.
El
señor me dijo que no, que necesitaba ir al geríatrico para desayunar con su
esposa. Le pregunté
sobre la salud de ella.
El me respondió que ella hacía tiempo que estaba allí ya que pacedía de
Alzheimer.
Le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco
tarde. Me respondió que hacia tiempo que ella no sabía quien era él, que hacía cinco años que ella no podía
ya reconocerlo.
Me sorprendió, y entonces le pregunté, ‘Y usted sigue llendo cada
mañana, aún cuando ella no sabe quien es usted?’
El sonrió
y me acarició la mano
’Ella
no sabe quien soy,
pero yo aún se quien es ella.’
Se me erizó la piel, y tuve que
contener las lágrimas mientras él se iba, y pensé, ’Ese es el tipo de Amor que
quiero en mi Vida.’
El Amor Verdadero no es físico, ni romántico.
El Amor Verdadero es la aceptación
de todo lo que es, ha sido, será y no será. Con todas las tonteras y cosas
divertidas.
La gente más feliz no necesariamente tiene lo
mejor de todo;
ellos
sólo hacen lo mejor
que pueden.
’La vida
no se trata de cómo sobrevivir a una
tempestad,
sino cómo bailar bajo la
lluvia.
PODCASTS
P625 BAILAR BAJO LA LLUVIA.
https://open.spotify.com/episode/4ED4wFYHjez4WBfMTwuvKn
Se narra una conmovedora
anécdota que ilustra la naturaleza incondicional del amor. La historia comienza
con un anciano de 80 años que llega a un hospital apurado por
una cita, la cual resulta ser un desayuno diario con su esposa en
un geriátrico. A pesar de que su esposa padece de Alzheimer y no lo
reconoce desde hace cinco años, él mantiene su rutina de visitarla cada
mañana. Cuando se le pregunta por qué continúa yendo si ella no sabe quién es,
el hombre responde: «Ella no sabe quien soy, pero yo aún sé quien es
ella». La narradora reflexiona que el «Amor Verdadero» va
más allá de lo físico y lo romántico, definiéndolo como la aceptación
incondicional de todo lo que es. Finalmente, el texto concluye con una
moraleja sobre la felicidad, sugiriendo que la vida se trata de «bailar
bajo la lluvia» en lugar de simplemente sobrevivir a las tormentas.
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