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7 de agosto de 2018

APRENDA A RESOLVER LOS CONFLICTOS DE PAREJA.

El sentirse apreciado y valorado por el otro ayuda al éxito de una pareja.
La clave es aprender a lidiar con las diferencias irremediables.

Si de relaciones afectivas se trata, los mitos abundan, pero son precisamente estas falsas creencias las que pueden terminar jugando en contra de la tan anhelada felicidad.
"La pareja feliz es la que no pelea".
"La pareja feliz es que ha logrado que las dos personas sean una sola".
" La pareja feliz es aquella en la que uno no necesita pedir al otro, porque éste, como me quiere y me conoce, sabe lo que necesito".

Más que hablar de parejas felices, se debe hablar de la "satisfacción en la relación". Al ser todos diferentes, los conflictos de pareja son inevitables.

Incluso las diferencias tienen su lado positivo: pueden ser la señal de que el otro importa y promueven la creatividad y la posibilidad de generar cambios hacia una mayor satisfacción de ambas partes. La clave está en manejarlos de forma adecuada.

Existen parejas que tienen una mayor satisfacción en su relación que otras. ¿Cuáles son esos ingredientes que marcan la diferencia y que le dan un buen pronóstico a la unión?

Aprender a discriminar
El afecto positivo, es decir, el sentirse apreciado y valorado por el otro; tener proyectos conjuntos; aceptar que haya diferencias en una relación, que todos tenemos vulnerabilidades que siempre estarán presentes en el vínculo, y tener la capacidad de reparar los malos ratos, lo cual permite retomar el diálogo después de las peleas.

Es muy importante poder ser capaces de discriminar entre problemas con y sin solución -que corresponden al 70 por ciento de las discusiones.

Estas parejas dialogan con afecto sobre los problemas perpetuos, pero se dedican a resolver lo que sí se puede". En otras palabras, saben manejar los conflictos recurrentes.

El peor error ponerse a la defensiva y negar la situación cuando esta hace una crítica; desprecio por el otro y la indiferencia.

Es esencial no usar calificativos negativos respecto de la conducta del otro, pues pone en riesgo la confianza básica (del estilo "eres un egoísta").

Las parejas más plenas también entienden que no existe una sola verdad y que la perspectiva del otro puede tener legitimidad, aunque uno no esté de acuerdo.

En general, "las parejas que tienen mayor satisfacción en su relación generalmente operan más en la lógica del cuidado del otro, que en la de la justicia relacional, que es cuánto doy yo y cuánto das tú".

Hay parejas que dialogan con afecto sobre los problemas perpetuos, pero se dedican a resolver lo que sí se puede.

Estilos de enfrentar conflictos
Se distinguen tres tipos de personas: evitadora, volátil (intensa emocionalmente) y consensual (conversa los problemas). Según los expertos, las combinaciones de estos estilos dan como resultado:

Consensual con volátil:
Quien tiende al diálogo se siente no escuchado por la intensidad de la reacción del otro, entonces maneja la situación con distancia y lógica. Esto desespera más al volátil, quien considera que su pareja es fría y poco comprometida. Empeora con las atribuciones negativas ("eres una descontrolada", "eres frío, no te importo", etc.).

Evitador con consensual:
Uno quiere llegar a consenso y persigue al otro para "hablar del problema". El evitador evade, y el otro se siente dejado de lado e insiste, pero el cónyuge se arrancha. La situación empeora al caer en atribuciones negativas ("nada te importa", "te gusta molestarme").

Volátil con evitador:
La persona evitadora vive temerosa de la reacción del otro frente a las dificultades y se esfuerza por evitar conflictos. El volátil se siente aún más rechazado, con lo que crece la intensidad de su queja. Cuando el círculo se vuelve vicioso, las atribuciones negativas son aún mayores ("me casé con un loco", "y tú eres cobarde").


Motivo de discordia
Las principales causas de discusión surgen con las expectativas que tiene el uno sobre el otro, y la frustración al no cumplirse:

El orden es uno de los principales conflictos: '¿Por qué dejas eso ahí?' '¿Por qué no recoges esto? o '¿Por qué no limpias esto?'

Hábitos como prender la luz para leer cuando el otro quiere dormir o ver un programa de televisión cuando la pareja quiere ver otro canal, son razones de discusión.

La plata y la concepción que se tiene de manejarla es otro motivo de desavenencias: '¿Por qué gastas tanta plata en eso?' o '¿Por qué no compramos mejor esto?'.

Finalmente cuando los dos bajan las expectativas que tenían, tratan de ponerse en el lugar del otro y entienden que cada uno tiene costumbres diferentes, es cuando logran superar esas dificultades de la vida cotidiana
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