Te lo pido… no con rabia, no con rencor.
Te lo pido con la voz rota de quien ha amado de
verdad:
Déjame en paz.
No es venganza, no es ego. Es supervivencia.
¿Sabes lo que
duele?
No es que ya
no estés,
sino que aún estando,
me sentía sola.
Te amé con
todo,
me vacié por
dentro
para llenar tus vacíos,
y ahora…
no tengo nada.
Ni amor,
ni fuerza,
ni palabras.
Solo un silencio que grita: basta.
Insistes en
quedarte,
pero ya no
hay lugar.
Ese
“nosotros” que construimos
se derrumbó
hace tiempo.
No es que te
odie.
Es que ya no puedo más.
Me lo debo. Me debo paz.
Y tú no sabes
darla.
¿Te duele que
me vaya?
A mí me dolió más quedarme
mendigando migajas de amor
donde una vez
hubo banquetes de ternura.
Así que no,
no me mires con esos ojos de súplica.
No me digas
que me quede,
cuando tú mismo fuiste quien se fue primero
aunque nunca cerraras la puerta.
Te lo digo
por última vez:
déjame vivir.
Porque contigo,
ya no tengo amor.
Y quien no tiene amor, merece libertad.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Por favor, escriba aquí sus comentarios