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NO VINIMOS A BUSCAR LA GLORIA, VINIMOS A DEJAR HUELLAS

 

La vida nos recuerda, con humilde claridad, que “todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar”. No venimos a quedarnos, sino a caminar con sentido, a dejar huellas que no buscan gloria ni aplauso. Nunca perseguí la gloria porque lo esencial no se graba en monumentos, sino en el alma de quien se atreve a vivir con verdad.

No hay un camino trazado de antemano. “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Cada decisión, cada caída y cada levantada va dibujando una senda irrepetible. Y cuando miramos atrás, entendemos que no se puede volver a pisar la misma huella, porque crecer implica avanzar, soltar y transformarse.

El poeta ama los mundos sutiles, frágiles como pompas de jabón, porque ahí habita la belleza efímera de la vida: momentos que brillan, tiemblan y se rompen, pero que valen la pena por haber existido. Vivir es aceptar esa fragilidad sin miedo.

Incluso cuando el canto se apaga, cuando rezar parece inútil y el poeta se vuelve peregrino, la enseñanza permanece: seguir adelante, golpe a golpe, verso a verso. Porque el sentido no está en llegar, sino en caminar fieles a lo que somos.


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