Cada mañana trae una promesa silenciosa: “hoy puede ser un gran día” si decides mirarlo así. La diferencia entre vivirlo o dejarlo pasar depende en parte de ti. Atrévete a darle el día libre a la experiencia, a recibirlo como una celebración, porque la vida no se guarda para después. No consientas que se esfume: asómate, participa, consume la vida a granel.
Vive este día como si fuera el último que te toca vivir. Saca a pasear tus instintos, ventílalos al sol, y no dosifiques los placeres: cuando se pueda, derróchalos. Si la rutina te aplasta, dile que ya basta y reclama tu derecho a algo más que la mediocridad.
Este día es un ejemplar único, imposible de recuperar. Todo lo que te rodea está ahí para ti: no lo mires desde la ventana, siéntate al festín. Pelea por lo que quieres y, si algo falla, no desesperes. Hoy puede ser un gran día… y mañana también.

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