Ir con asiduidad a un cementerio frena
bastante el avance en un proceso de duelo.
Ese
alivio que, acaso sientes allá, lo vives mejor si recuerdas al ser amado en un
espacio de vida.
En
varios países del oriente hay pocos cementerios y, por eso, allá manejan con
más paz el dolor y los apegos.
La razón es que un cementerio solo te
conecta con la muerte, aunque lo adornen con árboles y flores.
¿De
qué más te puede hablar una tumba? De un deceso, de un cadáver y no de vida
después de la muerte.
No creas que abandonas a tu ser amado
si no vas, al ir solo te aferras a lo que ya no es ese ser.
No
está ahí y lo tiene sin cuidado si vas o no vas. Es más te quiere ver bien, no
aferrado a un ayer lúgubre y triste.
Al ir
al camposanto das un paso atrás, a la muerte, mientras ese ser vive sin cuerpo
material y es feliz.
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