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6 de diciembre de 2016

ÁNIMO, CUENTA TUS BIENES, NO TUS MALES



Los inconformes son infelices porque cuando llueve quieren calor y cuando calienta piden lluvia.

El quejumbroso, si está solo quiere compañía y, si tiene compañía, la cansa y la aleja con su derrotismo y sus quejas.

La inconformidad nace de la ingratitud y te saca del mundo de las hadas rumbo al mismísimo infierno.

Deja de ver solo lo negativo y sal de un laberinto en el que refunfuñas y dejas de apreciar lo bueno y lo bello.

Siéntate y haz una lista de tus dones y tus bendiciones.

Despierta tu niño y elige asombrarte ante una simple hoja, una abejita, una roca o un hilito de agua.

Abandona lo viejo, cambia tu actitud y aprecia todo como lo hace jubiloso el secuestrado después de estar meses en cautiverio.

Él cuando sale libre saborea una fruta con deleite, da abrazos prolongados y llega al éxtasis ante un amanecer o un ocaso.

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