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LA FOTO DE LOS DOS

 

Hoy encontré una foto de los dos, guardada dentro de un corazón que nunca aprendió a cerrar del todo. Estábamos posando en la estación, ese lugar donde los abrazos prometen eternidad y los trenes enseñan a despedirse. Bastó mirarla para que el tiempo se desordenara y el pasado volviera a respirar.

Te busqué en un viejo tocadiscos, en aquella canción que tanto te gustaba, y la aguja despertó la nostalgia que hoy me apretuja el alma. Los fantasmas de tu amor me llaman, no para herirme, sino para recordarme que hay amores que no se olvidan porque se vuelven parte de quien somos. Nunca te pude olvidar, porque tu amor conmigo no sabía de distancias, y los besos que nos dimos fueron como el agua: necesarios, inevitables, vitales.

Recuerdo la luz que trajiste a nuestras vidas, la que alumbró la casa que era nuestra casa, incluso en los días más simples. Y hoy quisiera devolver el tiempo, no para cambiarlo todo, sino para no dejarla, para no dejarte. Porque a veces el error no es amar, sino irse sin entender lo que se tiene.

Sueño con regresar a mi pueblo por el camino viejo, recoger mis pasos uno a uno y empezar de nuevo. Regresar a la casa como regresa el viento, sin ruido, sin reproches, volver a abrazarte como si el mundo no hubiera pasado por encima de nosotros. Empezar de nuevo no es borrar lo vivido, es honrarlo con una segunda oportunidad.

Hoy rebusqué en el corazón y te encontré sentada en el sillón, intacta, silenciosa. Recordé la sal de tu dolor, la tarde en que al adiós llorando nos amamos, entendiendo demasiado tarde que despedirse también es una forma de amar. Y aun así, el deseo insiste: volver, abrazarte, empezar de nuevo. Porque hay historias que no terminan, solo esperan que alguien tenga el valor de regresar.


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