No es solo un nudo…
es todo lo que no dijiste
cuando el momento pedía valentía.
Es la palabra que tembló en tus labios,
el “quédate” que se volvió silencio,
el “te necesito” que nunca aprendió a salir.
Se forma despacio,
como se forman las despedidas que no aceptamos,
como se acumulan las lágrimas
que decidimos esconder del mundo.
Y ahí está…
apretando sin hacer ruido,
recordándote que hay emociones
que no caben en la lógica.
Ese nudo
conoce tus recuerdos más frágiles,
los abraza con fuerza
y no los deja ir.
A veces quisieras romperlo,
gritar hasta vaciar el alma,
decir todo lo que quedó pendiente…
pero el miedo lo protege.
Porque ese nudo
no es debilidad,
es amor contenido,
es dolor que aún no encuentra camino.
Y quizá un día…
sin darte cuenta,
se deshaga en una lágrima sincera,
en una conversación pendiente,
en un perdón que finalmente llegue.
Hasta entonces,
no lo rechaces…
escúchalo.
Porque en ese nudo
vive una verdad profunda:
que sentiste,
que amaste,
y que aún hay algo dentro de ti
que merece ser liberado.

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