Amar lo que ya no vuelve
no es aferrarse al pasado…
es aprender a sostener la memoria
sin que duela cada vez que respira.
Es mirar atrás
sin querer regresar,
pero agradeciendo
cada instante que nos hizo quienes somos.
Hay ausencias
que no se llenan…
se transforman.
Se vuelven silencio que acompaña,
luz tenue en los días grises,
susurros que no se oyen,
pero se sienten.
Amar lo que ya no vuelve
es dejar de pelear con el tiempo,
es soltar sin olvidar,
es recordar sin romperse.
Porque no todo lo que se va
se pierde…
algunas cosas
se quedan en otra forma.
Se quedan en la forma en que sonríes,
en lo que aprendiste a valorar,
en la manera en que ahora abrazas
como si cada abrazo fuera único.
Es un arte silencioso…
nadie lo enseña,
pero todos lo aprendemos
cuando la vida nos toca el alma.
Y entonces comprendes
que el amor verdadero
no depende de la presencia,
ni del tiempo,
ni de la distancia.
Porque amar lo que ya no vuelve
no es vivir en el ayer…
es permitir que lo vivido
siga dando vida
dentro de ti.

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