A los 36 años, muchas mujeres sienten el peso invisible del tiempo. El cuerpo recuerda lo que la mente a veces posterga: el deseo de ser madre. Hoy, la ciencia ofrece una ventana para asomarse a ese futuro con la prueba de la hormona antimülleriana, o HAM. Es un análisis de sangre que mide la reserva ovárica, la cantidad de óvulos que quedan. Pero aquí empieza la historia que la medicina no siempre cuenta completa.
1. La HAM: Lo que mide y lo que no
La HAM se produce en los folículos ováricos, los pequeños sacos que guardan cada óvulo. Un nivel bajo suele interpretarse como “poca reserva”. Un nivel alto de hormona folículo estimulante refuerza la alarma. Para algunas mujeres, ese resultado llega como una sentencia: “vas a necesitar muchos intentos”, “piensa en óvulos de donante”, “cada procedimiento cuesta miles y tu seguro no lo cubre”.
El golpe es doble: económico y emocional. La devastación es real. Sin embargo, la misma ciencia que entrega el número, aclara después: la HAM mide cantidad, no calidad. Y para un embarazo, solo se necesita un óvulo. Uno bueno. Uno a tiempo.
Un estudio con 750 mujeres de 30 a 44 años que buscaban concebir lo confirmó. En un año de seguimiento, las mujeres con HAM menor a 0,7 tuvieron la misma probabilidad de embarazo que las que tenían niveles normales. La conclusión de los investigadores es contundente: “La cantidad no significa nada, sino la calidad, y no existe una prueba para la calidad”.
2. La edad: El marcador que nadie puede esquivar
Si la HAM es un retrato borroso, la edad es el calendario que no falla. No hay un día exacto en que la fertilidad se apaga, pero sí hay curvas. Entre los 30 y 33 años, el descenso es casi imperceptible. Entre los 37 y los 40, la caída es un precipicio.
La razón es biológica y silenciosa: no solo hay menos óvulos, los que quedan acumulan más años y, con ellos, más probabilidad de errores genéticos. Por eso, a los 38 una mujer puede concebir de forma natural al primer intento, y a los 41 enfrentar meses de intentos, inseminaciones fallidas y recuperaciones de óvulos sin éxito. El cuerpo no lee estadísticas, pero las estadísticas sí leen al cuerpo.
3. ¿Entonces para qué sirve la HAM?
No es una prueba inútil. Es una herramienta con un propósito específico. Ayuda a diagnosticar síndrome de ovario poliquístico. Avisa cuando la menopausia se acerca. Y es muy buena prediciendo cómo responderán los ovarios a la estimulación para una fertilización in vitro. Para una mujer en tratamiento de infertilidad, ese dato vale oro: permite ajustar dosis, evitar frustraciones y ahorrar tiempo.
Pero no fue diseñada como test de fertilidad general. No dice si podrás ser madre a los 42. No dice si debes congelar óvulos a los 32. Usarla fuera de contexto genera dos riesgos: la falsa alarma que lleva a gastar 50.000 dólares por miedo, o la falsa tranquilidad de los 25 cuando el ginecólogo dice “eres muy joven para preocuparte” y diez años después el 0,1 de HAM aparece sin aviso.
4. La búsqueda del “óvulo de oro” y el costo humano
Detrás de cada número hay una historia que no cabe en un laboratorio. Está la mujer que escucha “reserva baja” y siente que su proyecto de vida se derrumba. Está la que, tras ese diagnóstico, concibe natural y deja al médico “pasmado”. Está la que a los 37 invierte todos sus ahorros buscando ese óvulo capaz de fecundar, mientras se muda con sus padres para no endeudarse más.
Porque la fertilidad no duele solo en el cuerpo. Duele en la espera, en cada test negativo, en la presión de decidir sola, en la frase “o tienes un bebé ya o no vas a tener ninguno”. La cantidad no se puede medir, pero el cansancio emocional sí se siente. Y de eso, no hay prueba de sangre.
La gran lección: Ciencia con humanidad
Congelar óvulos es una opción válida. Medir la HAM también. Pero ningún resultado es un veredicto. Un número bajo no cancela la esperanza. Un número alto no la garantiza. La fertilidad sigue siendo un misterio donde biología, tiempo y azar se cruzan.
La medicina avanza, pero hoy no puede prometer. No puede medir la calidad de un óvulo. No puede pesar la fuerza de un deseo. Por eso, el consejo más honesto es también el más humano: informa tu decisión, no la delegues en un solo número. Habla con especialistas en reproducción, no solo con un resultado de laboratorio. Y recuerda que la ciencia orienta, pero no escribe el último capítulo.
Porque a veces, la vida se abre paso con un solo óvulo. El que basta. El “óvulo de oro” que no aparece en ningún examen, pero llega cuando menos lo espera el miedo y más lo sostiene la esperanza.
TESTIMONIO
Michele
K. Bourquin, ejecutiva de cuentas de Atlanta, tenía 36 años y era divorciada
cuando investigó por primera vez cómo congelar sus óvulos.
“Sabía
que yo no estaba rejuveneciendo y que mis óvulos estaban envejeciendo”,
comentó Bourquin.
Así que visitó a un médico que le hizo el análisis de
sangre que a menudo se
utiliza para verificar la reserva ovárica de una mujer. Su
funcionamiento consiste en identificar la hormona antimülleriana, o HAM, que
secretan los folículos ováricos, los sacos que albergan cada óvulo.
Le dijeron que los resultados no eran satisfactorios. Su
nivel de HAM era demasiado bajo y el de la hormona estimulante del folículo era
demasiado alto; ambos
indicaban una disminución en la producción de óvulos. En otras palabras, lo más
probable era que requiriera muchos procedimientos para reunir suficientes
óvulos que pudiera congelar.
El
costo de 15.000 dólares por cada procedimiento era exorbitante, y su seguro
médico no cubría tratamientos de congelación ni de fertilidad. Una
enfermera le sugirió mejor utilizara los óvulos de alguna donante.
“Me sentía devastada”, dijo Bourquin.
Dos años después, se casó de nuevo. Y prácticamente la
primera vez que lo intentaron, Bourquin y su esposo concibieron de forma
natural. Su médico estaba “pasmado”, afirmó Bourquin.
La HAM no determina el potencial reproductivo de una
mujer. Y aunque esa prueba
es una de las formas más comunes que tienen los médicos de evaluar la
fertilidad de una mujer (es especialmente importante para las que
batallan con la infertilidad), el valor de este estudio no es determinante.
“Solo se necesita un óvulo de
cada ciclo”, aseveró. “La HAM no es un marcador que defina si puedes
embarazarte o no”.
La edad es más que un número
Para
las mujeres que aún no intentan tener hijos y se preguntan si son fértiles,
conocer el nivel de la HAM “no será de ayuda en ese contexto”, dijo
Esther Eisenberg, directora del programa del Programa de Salud Reproductiva e
Infertilidad del Instituto Nacional de Salud, que contribuyó a financiar el
estudio. Además, “la HAM
no es por necesidad un buen marcador que te indique el momento idóneo para
congelar tus óvulos”.
Los médicos todavía no tienen una forma de predecir la
calidad de los óvulos ni la capacidad a largo plazo que tiene una mujer de
concebir, pero la edad es
uno de los factores más importantes.
“De
verdad siento que es todo lo que tenemos por ahora”, comentó Anne Z.
Steiner, investigadora que dirige el estudio y profesora de endocrinología
reproductiva e infertilidad de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel
Hill.
Su
estudio dio seguimiento a 750 mujeres de entre 30 y 44 años de edad que llevaban
tres meses o menos tratando de concebir. Durante el periodo de
observación de un año, aquellas mujeres con niveles de HAM por debajo del 0,7
no tuvieron menos probabilidades de concebir que aquellas que tenían niveles
normales de la hormona.
“La
cantidad [de óvulos] no significa nada, sino la calidad, y no existe una prueba
para la calidad”.
No
obstante, el estudio tiene varias limitaciones. Los investigadores solo
incluyeron a mujeres sin antecedentes de infertilidad, pues quienes
recurrieron a tratamientos de fertilidad (alrededor del 6 por ciento) fueron
descartadas. Y solo el 12
por ciento de las mujeres se encontraban en el rango de edad de entre los 38 y
los 44 años. Además, no se tenía el dato de la cantidad de nacimientos
de un bebé vivo. Steiner dice que el siguiente paso es investigar si un nivel bajo de la HAM se asocia a
un mayor riesgo de aborto espontáneo entre las mujeres que concebían.
La hija de Bourquin ya tiene dos años y ahora espera
poder tener un segundo hijo. Pero
a los 41 años las cosas ya no son tan fáciles.
Ella
y su esposo intentaron concebir de manera natural, durante meses, sin éxito.
Luego de tres intentos fallidos de inseminación intrauterina, o IIU, y una
recuperación de óvulo fallida, están intentando otra IIU.
Uno de los primeros estudios de Steiner, publicado en
junio del año pasado, demuestra
que las mujeres experimentan una reducción importante de la fertilidad conforme
se acercan al final de sus treinta años.
“No
hay una edad específica en la que una mujer deje de ser fértil”, comenta
Steiner, pero hay ligeros declives en la fertilidad pasados los 35 años, y
después se presentan descensos más pronunciados.
“La diferencia entre los 30 y los 33 años es casi
imperceptible”, agregó. “pero la diferencia entre los 37 y los 40 será bastante
drástica”.
En búsqueda del “óvulo de oro”
Aunque
la prueba HAM no está diseñada para una medición general de la fertilidad de la
mujer, sí puede ofrecer información valiosa, en especial para las “mujeres que
son infértiles y buscan tratamiento”, aseguró Rosenwaks.
Puede ser de ayuda en el diagnóstico del síndrome de
ovario poliquístico y para
identificar cuando una mujer se acerca a la menopausia.
Investigaciones previas también demuestran que la HAM es
muy buena para predecir la respuesta a la estimulación ovárica para la
fertilización in vitro (FIV), señaló Steiner, y puede predecir la probabilidad de concebir mediante
este procedimiento.
En un caso, Lauren Donato, de 37 años, gastó aproximadamente 50.000
dólares intentando concebir, principalmente mediante la FIV, luego de
enterarse el año pasado de que sus niveles de HAM eran muy bajos. Hace poco se
mudó de nuevo a casa de sus padres para no endeudarse.
Pensó
en congelar sus óvulos hace una década. En aquel momento, recordó, le
dijeron que no tenía de qué preocuparse.
“Mi
ginecobstetra seguía diciendo ‘Eres muy joven’”, añade Donato. “Pero yo
seguía pensando que debía haber una especie de prueba”.
A medida que pasaron los años, Donato, consejera de salud
mental en Brooklyn y quien
es soltera, siguió pensando en tener hijos. El año pasado, cuando
cumplió 36, uno de sus médicos le practicó finalmente la prueba de la HAM.
Le dijeron que cualquier nivel menor a 1 se considera,
por lo general, bajo para una mujer de su edad. El suyo era de 0,1. Donato visitó a un endocrinólogo
reproductivo, que le sugirió que intentara una FIV de inmediato.
“A grandes rasgos, el médico dijo: ‘O tienes un bebé ya o no vas a
tener ninguno’”, recuerda Donato. Eligió a un donador de esperma y desde
entonces ha estado tratando
de encontrar su “óvulo de oro”, aquel que pueda ser fecundado para un embarazo.
La calidad de los óvulos disminuye conforme
envejece una mujer, de modo que encontrarlo es más complicado de lo que podía
haber sido hace diez años. “La
cantidad no significa nada, sino la calidad”, dijo. “Y no existe una prueba para la
calidad”
Conclusiones principales:
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