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El cerumen se produce en el tercio externo de la parte cartilaginosa del canal auditivo humano. Es una mezcla de secreciones viscosas de las glándulas sebáceas y secreciones menos viscosas de las glándulas sudoríparas. Los principales componentes del cerumen son los productos finales de la ruta metabólica del β-hidroxi-β-metilglutaril coenzima A, como el escualeno, el lanosterol y el colesterol.
La limpieza del canal auditivo ocurre como consecuencia del proceso "de cinta transportadora" de migración epitelial, ayudado por el movimiento del maxilar. Las células formadas en el centro del tímpano emigran hacia afuera del umbo, a las paredes del canal auditivo, y aceleran en la entrada de éste. El cerumen, en el canal, también es llevado hacia fuera, llevando consigo cualquier suciedad, polvo y materia particular que puede haberse incrustado en las paredes del canal. El movimiento del maxilar ayuda a este proceso soltando los restos que quedan impregnados en las paredes del canal, aumentando la probabilidad de su expulsión.
La lubricación previene el desecamiento, picor y pelaje de la piel dentro del canal auditivo; es decir, la asteatosis. Sus propiedades lubricantes provienen de su alto contenido de lípidos, procedentes del sebo producido por las glándulas sebáceas. En el cerumen de tipo húmedo, estos lípidos incluyen colesterol, escualeno y muchos ácidos grasos de cadena larga y alcoholes.
Mientras los estudios llevados a cabo hasta los años 1960 encontraron pequeñas pruebas que apoyaban un papel antibacteriano para el cerumen, estudios más recientes han certificado que el cerumen tiene un efecto bactericida sobre algunas especies. El cerumen ha demostrado su eficacia a la hora de reducir la viabilidad de una amplia gama de bacterias (a veces de hasta el 99%), incluyendo a Haemophilus influenzae, Staphylococcus aureus y muchas cepas de Escherichia coli.
En los casos de los que tienen el tipo húmedo de cerumen, es, por lo general, necesario ablandar la cera antes de su retirada. Este proceso se denomina cerumenolítico, y se consigue usando un agente cerumenolítico que se encuentra en el canal auditivo. El tratamiento casero más común para retirar el cerumen mediante este método es el aceite de oliva. Otros cerumenolíticos están disponibles en productos que se encuentran a la venta en las tiendas.
Un cerumenolítico debe ser usado 2 ó 3 veces al día durante 3 ó 5 días antes de la extracción del cerumen. Una revisión sistemática de los estudios de la eficacia de preparativos tópicos para la extracción del cerumen concluyó que el cerumenolítico no es mejor que ningún otro tratamiento. La aplicación de cualquier cerumenolítico media hora antes de la inyección es probablemente tan eficaz como la aplicación del mismo durante varios días.
Una vez que el cerumen se ha suavizado, puede ser retirado de la oreja mediante la irrigación. La solución irrigada se dirigirá al oído externo para salir arrastrando con ella toda la cera y diversos residuos. La solución utilizada para irrigar el canal auditivo suele ser agua caliente, una solución salina normal, una solución de bicarbonato de sodio, o una solución de agua y vinagre para ayudar a prevenir de infecciones secundarias.
La limpieza del cerumen del canal auditivo no está exenta de riesgo. El único método de limpieza del cerumen que se puede llevar a cabo en casa es el de la inyección de agua, siempre y cuando el flujo no sea demasiado potente. Todos los demás métodos sólo deben ser llevados a cabo por personas que hayan sido lo suficientemente formadas como para realizarlos.
Bull aconseja a los médicos: "Después de la eliminación de la cera, inspeccionar minuciosamente para asegurarse de que no queda ningún resto. Este paso puede parecer superfluo, pero con frecuencia es ignorado. Este consejo también es ratificado por Sharp, que, en una encuesta en la que participaron 320 médicos generalistas, demostró que sólo el 68% de los médicos inspeccionaba el canal auditivo después de la irrigación de éste para comprobar que la cera había sido eliminada. Como resultado de ello, el hecho de no quitar la cera restante del canal crea aproximadamente el 30% de las complicaciones asociadas con el procedimiento de irrigación del canal.
En general se recomienda no utilizar bastoncillos de algodón para extraer el cerumen, ya que lo que se consigue normalmente es empujar la cera más adentro del canal auditivo y, si se utilizan sin cuidado, perforar el tímpano. La abrasión del canal auditivo, en particular después de que el agua haya entrado tras nadar o bañarse, puede conducir a la infección del oído medio. Asimismo, el trozo de algodón puede quedar atrapado en el canal auditivo. Los bastoncillos de algodón sólo deben utilizarse para limpiar el oído externo.
Una de la prácticas alternativas es un terapia térmica, llamada en inglés ear candling, típica de la medicina popular, que reivindica servir para retirar la cera del oído y mejorar la salud de éste. Se trata de poner una vela dentro del agujero que forma el canal auditivo y encender dicha vela. Se cree que el aumento de aire caliente retira la cera y "toxinas" de la oreja. Esta terapia es un recurso marginal en América del Norte y Europa, pero los beneficios que promete no están comprobados. Además cabe la posibilidad de que se derrita la cera caliente y gotee dentro del oído de la persona, y si la cera caliente interactúa contra el tímpano, puede causar gran dolor y una posible lesión auditiva. Ernst considera que esta terapia térmica no tiene ningún efecto real sobre la limpieza de cerumen del canal auditivo y que plantea un peligro de lesiones de oído. Llega a la conclusión de que esta terapia es «un triunfo de la ignorancia sobre la ciencia»
