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MI MAMÁ PARTIÓ… PERO NUNCA SE FUE: UNA CARTA DE AMOR, GRATITUD Y VIDA ETERNA

 

A continuación se presenta una hermosa y conmovedora carta de despedida que Camila Uribe Londoño le escribe a su madre Liliana Londoño Arango como homenaje póstumo:


La vida no hay que entenderla, hay que vivirla y disfrutarla. Todo está en su lugar y lo demás es anhelo.

Todo sucede como corresponde, no como queremos. Acá estamos aprendiendo, evolucionando y siendo mejores seres humanos, o por lo menos intentándolo.

Fuiste llamada. Para nosotros, demasiado rápido, porque teníamos muchas cosas pendientes por vivir y disfrutar, ¡pero era tu momento y no el nuestro!

Gracias infinitas por existir y compartir la vida con nosotros, mamá.

Hoy vamos a despedir tu cuerpo, siempre raro, misterioso, fuerte, retador, diferente, inclusive con algunas cosas al revés; eso sí, muy resistente, un roble igual que mi abuelo Ricardo, con reacciones diferentes al común. Siempre fuiste un caso muy retador y muy especial.

Pero ahí está la magia. En la diferencia que siempre marcaste.

Recordemos que ese cuerpo solo fue el vehículo que Dios te dio para transitar esta vida.

¡Este ataúd que está aquí hoy no es mi mamá! ¡Solo es el cuerpo en el que viviste!

Tu alma es tan grande que no cabe en ninguna parte diferente a nuestros corazones.

Mamá, eres acción, perseverancia, emprendimiento, amor, bondad, resistencia, fuerza, generosidad, diferencia, liderazgo, empuje, amor, caridad y luz infinita…

Somos tan afortunados que somos parte de ti, estamos hechos de ti. Nos trajiste al mundo y nos acompañaste físicamente hasta antier y espiritualmente por siempre en el corazón de cada uno de nosotros.

No hay nada que perdonarte, pero sí hay mucho que agradecerte. No importa cómo fue, solo importa que trascendiste; importa que estás bien y estás descansando en los brazos de Dios. Mamayeya ya te abrazó, como siempre quisiste. Hoy descansas en la gloria de Dios, como te lo merecías y como lo anhelabas hace tanto tiempo. Sé que luchaste estos 12 años después del cáncer por el amor tan profundo que sentías por Pedro y por mí; créeme que fue más que suficiente. Siempre fuiste admirable.

Contigo, mamá, solo tenemos profunda gratitud y amor. Te admiramos hasta el infinito. Eres una guerrera incansable que, como me dijo ayer el padre Carlos Eduardo, salió por la salida de emergencia, que también es una salida.

Gracias infinitas por no cansarte. Nunca te rendiste. Gracias por cada sacrificio, por tu esfuerzo, por tu lucha y por siempre entregarte en cuerpo y alma a sacarnos adelante y darnos lo mejor. Siempre pasaste por encima de ti y solo pensabas en nosotros y en nuestro bienestar.

Te admiro y te admiraré toda la vida. Ojalá Dios me dé la posibilidad de parecerme un poquito a ti. ¡Tu ejemplo siempre será nuestro mejor regalo!

Hoy te digo lo que tanto te repetí. Sé que dudaste de muchas cosas tuyas, pero mira el resultado que hoy tienes en nosotros. ¡Eres valiente y eres grande, mamá! Dejas una huella imborrable en todos los corazones que tocaste.

Tocaste todos los corazones a tu alrededor y hoy estás más viva que nunca: en cada vela, en cada oración, en cada abrazo, en Mijo, en cada amanecer y en cada atardecer, en cada árbol, en cada flor, en el agua, en los arcoíris, en las plumas, en las canciones que tanto te gustaban, en cada caminata Repiremos, en cada recuerdo… Estás en cada todo.

Mamá, hoy estás más viva que nunca. Y estarás por siempre en el corazón de cada uno de nosotros.

Pedrinchi, lo amo con el alma. Mi mamá me dio el mejor regalo: un hermano tan increíble como usted. ¡Lo admiro y lo honro hoy y siempre!

Gracias por guiarnos y enseñarnos siempre.

Cami y Jorge, nuestras parejas, son dos angelitos en nuestra vida. Mi mamá trascendió tranquila de vernos bien acompañados. Siempre nos dijo cuánto los quería y lo tranquila que se sentía de vernos a su lado.

Infinitas veces gracias por sostenernos, por su tiempo, por acompañarnos, por sus mágicos papás, por su amor, por su paciencia, por sus abrazos… Los amo infinitamente y le agradezco a Dios por ponerlos en nuestro camino y querer tanto a mi mamá.

Abue, gracias por enseñarnos con tu ejemplo que la fuerza es el amor que todo lo puede, todo lo logra y trasciende cualquier reacción.

¡Tú sabes cuánto te admiro!

Hoy te digo lo que siempre le repito a Ricardo: él se ganó la lotería y no compró la boleta. Gracias infinitas, abue, por cada llamada, por cada aliento, por decirme que diga "cancelado" y por estar siempre en nuestra vida como otra mamá.

Al Hate, a Emiro, a Santana, a Nelcy, al padre Carlos Eduardo, al padre Alexis, a Germán, a Consuelito, a Carola, a Laura, a Aristizábal, a Andrés, mi primo, a Pauli Sanín, que revisó todos los exámenes y siempre, siempre me ayudó sin importar el día ni la hora; gracias a cada uno de los médicos que intervino y nos ayudó siempre con su bienestar. Gracias infinitas.

Paloma, gracias por su amor, su paciencia y su compañía. Gracias por enseñarnos tanto y acompañar a mi mamá con tanto amor.

Olguita, nuestra fuerza mayor, la prueba de que el amor todo lo puede. Gracias por ser el lugar seguro de mi mamá. Tu compasión, tu buena compañía y tu infinito amor siempre recargaron su corazón.

Bety, su otra hermana. Crecieron juntas y Cachetes siempre estará contigo, porque tú hacías parte de ella y ella hace parte de ti.

Elsa, Clemen, Luz, Paula, Andrés, Carmen Lucía, Negrita, Vicky, Bety Cristina, Estercita, Margara, Estersita y a todas las que no nombro acá; a todas sus amigas, a sus esposos, gracias por estar siempre para ella y para nosotros.

A mis primas, que son mis hermanas; a mi familia Londoño Arango, a mi familia Uribe Trujillo, a la familia Osorio Duque, gracias infinitas por hacer parte de nuestra vida.

A mis amigas y a mis amigos; a las amigas y los amigos de Pedro, siempre fueron nuestro sostén, nuestro refugio y quisieron a mi mamá como si fuera otra mamá.

Gracias a Pedronel, a las colaboradoras del parque.

Gracias a nuestro gran equipo de trabajo, que hace todo posible.

Gracias, Yan, que siempre cuida nuestros perritos; en Salento, Leo, Nubia y su familia, doña Fabiola, Matías y Pilar, doña Inés, Claudia, Néstor y su linda familia, y a cada una de las personas que volvió Salento su segundo hogar. Este fue el resultado de uno de los sueños que mi mamá materializó después de salir del cáncer y sus quimioterapias.

Gracias a todas las personas que nos acompañan y con amor hoy llenan esta iglesia. Gracias también a los que nos acompañan en la distancia y están presentes siempre.

Infinitas veces gracias. Dios los bendiga.

Los invito a que hoy estemos atentos todos. Mi mamá está en nuestro corazón, más viva que nunca, y nos va a acompañar siempre, siempre.

Su muerte solo nos invita a recordar que la vida es el mejor regalo. El hoy es lo único que tenemos y honrar a Dios es disfrutar la vida. 

¡Qué honor ser tu hija, mamá! ¡Qué honor haber compartido contigo todos estos años! Gracias por enseñarme tanto y gracias por mostrarme la vida de otra manera.

Por ti soy lo que soy, mamá.

Te amo por siempre.

 

Camila Uribe Londoño


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