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COMO DEJAR EL CONFORMISMO



Empieza por hacer una lista de tus malos hábitos

Es mucho más fácil abandonar los malos hábitos si estamos completamente convencidos que debemos hacerlo. Si pensamos en la satisfacción que produciría a nuestro ser el abandonar los hábitos que nos hacen sentirnos mal, podríamos trabajar en ellos de inmediato.

Un buen comienzo es haciendo una lista de los malos hábitos que queremos eliminar de nuestras vida. El vivir aislado y no buscar la manera de socializarse, el no progresar en nuestros estudios para avanzar en nuestra carrera, el aprovechar que no nos están viendo para robarnos algo de una tienda, el ser chismosos, el echarle la culpa a los demas, el no hacer ejercicio, el no alimentarnos bien, el tratar de controlar la vida de nuestros hijos, de nuestros amigos o de nuestros familiares son algunos ejemplos de los malos hábitos que pueden ser difíciles de eliminar.

Ahora que tenemos una idea clara de lo que son los malos hábitos, analizemos nuestra situación en particular y preguntémonos a nosotros mismos cuales son los hábitos que nos perjudican y cuales son los que queremos eliminar para no conformarnos a seguir con ellos por la vida.
Dejar de ser conformista implica un gran sacrificio. Es renunciar a la comodidad de quedarnos viviendo de la manera que no nos gusta vivir pero a la cual estamos acostumbrados. Es eliminar las excusas de nuestra mente que nos obligan a quedarnos en el lugar donde estamos. Es seguir apegado a ese hábito por miedo a extrañar la rutina que siempre hemos vivido.

Un ejemplo es el de un fumador que quiere, sabe y necesita dejar el cigarrillo. Esta persona está conciente que el cigarillo le perjudica y que lo podría llevar a la tumba; sin embargo se conforma pensando que hasta ese momento no le ha causado ningún daño y que será muy difícil romper con el hábito, por lo tanto prefiere arriezgarse.

Sin embargo, ese fumador tiene la semilla plantada en su mente, la cual está germinando y su deseo de dejar el hábito de fumar se hace cada día más grande. Después de un periodo prolongado de luchar contra el hábito y el deseo de dejarlo, el fumador se dice asímismo que va a dejar de fumar pero que lo va a hacer al día siguiente.

Pasa un tiempo sin fumar, y cierto día esa persona sale para su trabajo muy temprano, no le da tiempo de tomarse su café y siente un impulso horrible de volver a fumarse un cigarillo. Se deja llevar por la tentación y vuelve a fumar. Se dice asimismo que es un fumador empedernido y que prefiere arriezgarse a las consecuencias que luchar contra el hábito que le causa un placer momentaneo.

Muchas veces nos ponemos excusas tales como la falta de motivación. Nos decimos a nuestra mente que necesitamos una motivación para dejar el conformismo del que somos prisioneros. Algunas de estas excusas son buscarle el lado positivo al hábito tales como el alcoholico dice que su vicio no es tan malo porque le elimina las lombrices de su estómago. El fumador dice que el cigarillo lo ayuda a relajarse. Si vivimos aislados y no nos socializamos decimos que estamos cansados y que tenemos pereza de salir. Si nos volvemos regañones con nuestros hijos nos decimos que les estamos haciendo un bien pues los estamos educando.

Otra excusa es decir ““mañana comienzo”. Siempre aparecerá una excusa que no permitirá que ese mañana llegue. Nos decimos ““cuando termine de hacer esto empiezo a hacer lo otro”. Otro pretexto sería ““no tengo el tiempo ni los recursos económicos para hacerlo”. Siempre vamos a encontrar una excusa que nos guiará a conformarnos y a convencer nuestra mente que es imposible de hacerlo.

Es increíble la capacidad que tiene nuestra mente subconsciente para sostener un hábito y no dejarlo ir. Lo que debemos hacer es identificar estas excusas que se nos vienen súbitamente y decidirnos de una vez por todas a hacer esos cambios ignorando las excusas que nos impide hacer los cambios. Pensemos que al no querer eliminar esos hábitos perjudiciales estamos evadiendo nuestra responsabilidad.

Sería más facil, si pudiéramos poner la responsabilidad en manos de otros o de fuerzas externas para realizar esos cambios. Estas herramientas podrían ser terapias psicológicas, personas influyentes que nos pudieran ayudar a cambiar, el recibir una herencia o ganar la lotería. Si pensáramos de esta manera sería excusarnos en nuestra debilidad y no hacernos responsables de nuestros actos. Si bien es cierto que estas herramientas podrían ayudarnos si las tuviéramos a nuestro alcance la mejor herramienta está en nuestras manos y e nuestra fuerza de voluntad para dejar de ser conformistas.

Una persona que no controla sus hábitos no tiene auto control de su vida. Deja que sus hábitos la controlen a ella. Termina siendo un esclavo de sus jefes, conformándose con salarios bajos, con un trabajo mediocre, con una vida gris y sin brillo. Tenemos que estar concientes que un mal hábito nos lleva a la ruina.

Debemos tomar el comando del barco que vemos que se va a estrellar contra un témpano de hielo pero con el timón en nuestras manos podemos cambiar la dirección y evadir ese obstáculo que nos llevaría a la muerte probablemente.

La fórmula mágica ““Comenzar por hacer el cambio en un dos por tres”
Primero debemos estar dispuestos a saltar el abismo de las excusas. Empecemos por el principio de que para aprender a hacer algo debemos realizarlo varias veces. Asi mismo para abandonar la costumbre de hacer algo, debemos hacerlo varias veces.

La clave es en dos días dejar de hacer algo por tres veces consecutivas. Pueden ser dos ocasiones o circunstancias en vez de dos días en que dejemos de hacer algo por tres veces consecutivas.
En estos dos días o en estas dos ocasiones debemos luchar con nuestro yo interno. Luchar contra la desesperación, la ansiedad, las excusas, la pereza en conjunto que tratarán por todos los medios de hacernos desistir. Debemos mantener nuestra esperanza a flote. Debemos pensar que son solo tres veces que lo haremos y que es por nuestro bien.

Todo lo que realicemos por diez días consecutivos se convierte en hábito. Si lo hacemos por dos días multiplicado por cinco, ya habremos logrado hacer un hábito de esa rutina. Puede que en algún momento recaigamos pero el levantarnos de nuevo es algo que no debemos aplazar.

Solo nos quedan dos caminos, el seguir como estamos o el hacer cambios radicales en nuestras vidas para vivir una vida mejor. Si te has contestado después de leer estos artículos que todo es muy difícil y que del ““dicho al hecho hay mucho trecho” y que es muy fácil escribirlo en el papel o leerlo pero que es muy difícil ponerlo en práctica eres una persona conformista que sientes que para intentarlo tendrías que escalar una montaña muy alta, la cual no estás dispuesto a escalar pues no tienes las fuerzas ni la motivación para hacerlo. Por eso has decidido quedarte viviendo en el mundo confortable del conformismo.

Si por el contrario te has dicho a ti mismo que vas a intentar esos cambios por esos dos días en tres ocasiones diferentes cada día has hecho un gran progreso. Si te has dicho que vas a empezar hoy mismo a hacer cambios progresivos en tu vida, anótate un doble puntuaje. Si vas a intentarlo ahora, no más tarde apúntate triple puntaje.

Recuerda que los cambios no ocurrirán de la noche a la mañana, progresivamente irás avanzando pues vas a luchar contra tus costumbres y malos hábitos como un padre o una madre lucha hasta la muerte con un asesino que intenta arrebatarle a su hijo para hacerle daño. Si has decidido luchar contra tus malos hábitos serás un vencedor en un dos por tres!! Felicitaciones!!


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