15 de septiembre de 2019

FRASES INSPIRADORAS IMPORTANTES DE LA RELIGION 13

La Cruz es de Dios, pero es Cruz porque no nos abrazamos a ella; puesto que si estuviéramos firmemente resueltos a querer la que Él nos envía, dejaría de ser cruz. Es Cruz porque no la queremos, pero si es de Dios, ¿por qué no la queremos?

La Cruz es de Dios, y no debemos sólo mirarla sino conformarnos con ella, como haríamos con una persona con la que nos viéramos obligados a convivir. Sin pensarlo más, hay que cargar con

La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.

La democracia necesita de la virtud si no quiere ir contra todo lo que pretende defender y estimular.

La dulzura en el hablar, en el obrar y en reprender lo gana a todo y a todos.

La economía, como la misma palabra indica, debería ser el arte de alcanzar una adecuada administración de la casa común, que es el mundo entero.

La espiral de la violencia sólo la frena el milagro del perdón.

La familia es la base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida.

La familia es para los creyentes una experiencia de camino, una aventura rica en sorpresas pero abierta sobre todo a la gran sorpresa de Dios, que viene siempre de modo nuevo a nuestra vida.

La familia está llamada a ser templo, o sea, casa de oración: una oración sencilla, llena de esfuerzo ternura. Una oración que se hace vida, para que toda la vida se convierta en nuestra vida.

La fe además de conocerla, hay que vivirla.

La fe no es la simple aceptación de verdades abstractas sino una relación íntima con Cristo que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios.

La fe no se opone a nuestros ideales más altos, al contrario, los exalta y perfecciona.

La Fe no teme a la razón. Estas son como dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerlo a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo.

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