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EL ARTE DE ESCUCHAR

Existen tres modos de escuchar: primero, el escuchar a través del intelecto; segundo, escuchar a través de la emoción, la simpatía y el amor; y tercero, mediante la totalidad del ser, mediante la fe.

La escucha intelectual significa que cuando estás escuchando, simultáneamente estas argumentando en tu interior. Comparas con tus propios conceptos, con tu ideología, con tu sistema. La mente es sólo una acumulación de conocimiento del pasado, de información, de experiencias. Es sólo un ordenador. Estamos identificados con él.

El segundo es emocional, compasivo, profundamente sentido. Es una actitud amorosa. Estás escuchando música u observando una danza tus pies comienzan a participar; cuando escuchas música, tus manos empiezan a participar, empiezas a volverte parte de ella. Este es un modo de escuchar desde el sentimiento. Se abre una dimensión distinta, empiezas a estar activamente en ella. El intelecto es siempre un observador desde afuera, nunca desde dentro. Por eso, cuanto más crece lo intelectual en el mundo, más nos volvemos pasivos observadores.

El tercero es la escucha total, sin apenas participar en ello, sino siendo uno con ello. Un modo es contemplar la danza con el intelecto; otro es sentir la danza y empezar a participar en ella. Sentado en tu asiento, el danzador danza. Comienzas a participar, empiezas a llevar el ritmo. Es volverse la danza misma. No el danzador, sino la danza. La totalidad del ser está implicada. No estás afuera siquiera para percibirlo: ¡Tú eres ello!. Así que recuerda que el conocimiento más profundo es posible sólo cuando te vuelves uno con algo. Mediante la fe.

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