22 de septiembre de 2018

TRABAJO Y OCIO

“Negocio que no da para dedicar tiempo al ocio digno, como leer un libro, mirar un cuadro o paisaje, escuchar una sonata o asistir a una comedia, conversar sin trivialidad y sin degradación, nunca pasara de ser un mal negocio, aunque este sea pródigamente lucrativo”

Este pensamiento, dicho por Pedro Laín Entralgo, hombre al que admiro por su escritos y su filosofía, me inspiraron a escribir sobre los conceptos de trabajo y ocio que a pesar de su significado son poco entendidos por la generalidad.

Dicen por allí, que el trabajo fecundo y creador en la antítesis del ocio improductivo y generador de todos los vicios. Esto es absolutamente falso y voy a intentar demostrar que estos conceptos no son de ninguna manera antagónicos, y que tan loable es trabajar como disfrutar de la sagrada recompensa de estar ocioso.

Falsamente entendemos que el trabajo, en su concepto social, implica siempre la retribución económica por un servicio prestado cualquiera que este sea. Obviamente, esta interpretación dejaría fuera a todo aquel que trabaja intensamente y no recibe un salario previamente contratado; tal es el caso de las amas de casa o del esposo que arregla un desperfecto casero.

Si analizamos el trabajo en su sentido moral, diremos que es: Toda actividad humana en lo artístico y en lo moral, que sin perseguir remuneración alguna, lleva al ser humano a actualizar sus potencialidades espirituales y de conocimiento.

Hace tiempo, Carlile, famoso historiador y pensador ingles, externo: “Trabajar es orar”. Muy cierto, y esto lo compruebo cuando veo a mi esposa trabajar en las labores cotidianas del hogar, dando todo con amor a sus convivientes y convividos. Ello me infunde un profundo sentimiento de respeto y me hace avergonzar de mis fingidas fatigas del trabajo remunerado. Ella esta orando en activa actitud y actualizando su potencial espiritual,

Mala sangre de aquel que diga: --- Mi esposa no trabaja, es solo una ama de casa. Mala conciencia de aquel que diga: ---- Yo trabajo para procurarme una ociosa esposa que me atienda.

Para aquellos que no lo saben, la palabra trabajo deriva del vocablo latino “Trepalium”. El trepalium equivalía a un instrumento de tortura que convertía al que lo sufría en un sujeto de redención. Ya los poetas del siglo XIX aludían a este concepto en sus versos:

Trabaja joven, sin cesar trabaja. Frente honrada que en sudor se moja. Jamás ante otra frente se sonroja, Ni se rinde servil a quien la ultraja.

Hay quien dijo: “Se necesita trabajar mucho para poder descansar”. Es aquí donde se acomoda la palabra OCIO, que al decir de los ignorantes, es la cloaca donde nacen los vicios.

Al OCIO los griegos le dieron el nombre de “ SKHOLE”, de donde deriva el termino latino “SCHOLA” (Escuela). Esto no en el concepto de no hacer nada, sino por el contrario, implicaba un quehacer intenso en el ocio para poner en actividad a lo más noble del espíritu humano: su inteligencia y creatividad, y con ello elevar su potencial artístico e intelectual.

Los Romanos llamaron “OCTIUM” (ocio) a la escuela Griega, y llamaban “NEC OCTIUM” (Negocio) a la negación del ocio para satisfacer las necesidades humanas del trabajo remunerado.

Muchos dicen todavía: --- Mis hijos no trabajan....Estudian. Aquel que diga que el estudio no es trabajo, anda despistado en el dédalo de los codiciosos.

Ejercitar los músculos del espíritu (suponiendo que los tuviera), resulta más fatigoso que jalar la carreta. El que estudia se está preparando no para jalar, sino para empujar y dirigir la carreta de su vida por el sendero de las grandes satisfacciones. Tanto el trabajo como el ocio digno exigen esfuerzo y dedicación. “PER ASPERA AD ASTRA” (Por lo áspero se llega a las estrellas) decían los antiguos.

El trabajo y el ocio son caminos que se unen y complementan hasta que se llega a la incertidumbre de si el ocio es trabajo o el trabajo es ocio. Estos caminos están sembrados de espinas que torturan, pero también redimen. Así lo señala una frase del Upanishad que dice: “Si bien es cierto que están en las tinieblas los que viven en la ignorancia. En peores tinieblas se adentran los que toman el camino de la sabiduría y el conocimiento”.

Y bien, espero haber podido demostrar que el trabajo digno es tan saludable como el ocio digno. Para terminar, quiero recordar el pensamiento de Gibrán Jalil Gibrán cuando escribe:

AMO AL QUE TRABAJA CON EL PENSAMIENTO Y CREA EN EL ETER DE SU FANTASÍA FORMAS NUEVAS, ÚTILES Y BELLAS

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