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20 de septiembre de 2017

LA FAMILIA DEBE SER UN LUGAR DE PERDÓN

No existe familia perfecta, no tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas unos de otros.

Decepcionamos unos a otros. Por eso, no hay matrimonio saludable o familia saludable sin el ejercicio del perdón. El perdón es vital para nuestra salud emocional y supervivencia espiritual. Sin el perdón la familia se vuelve un espacio de conflictos y un cúmulo de amarguras.

Sin perdón la familia se enferma...

El perdón es la esterilización del alma, la limpieza de la mente y la liberación del corazón. Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. La amargura es un veneno que intoxica y mata. Guardar amargura en el corazón, es un gesto autodestructivo. Quien no perdona padece física, emocional y espiritualmente.

Es por eso que la familia necesita ser un lugar de vida y no de muerte; territorio de cura y no de enfermedad; palco de perdón y no de culpa...

El perdón trae alegría donde la amargura produjo tristeza y cura, donde la amargura causó enfermedad....


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