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17 de julio de 2017

YO DE PEQUEÑO QUERÍA SER ASTRONAUTA Y AHORA DE MAYOR QUIERO SER UN NIÑO

Yo de pequeño quería ser astronauta.
Quizá tú, que lees esto, te sientes identificado con ésta frase, y obviamente un par de décadas después, te das cuenta de que es imposible, y de que no la has cumplido. Sin embargo, te sientes feliz por cómo han transcurrido los años. A Pedro Duque no le pasó lo mismo.

Esto es sólo un ejemplo, claro está.
Dicen que los niños se preocupan por cosas sin importancia. Sus dibujos, tener el mejor disfraz de carnaval, parecerse a su héroe favorito, ir a la luna.

¿Sin importancia? Nada más lejos de la realidad. Esto es muy importante, y fundamental en el crecimiento personal desde pequeños. ¡Cómo no va a ser importante tu disfraz en el día de Carnaval cuando tienes 7 años! No hay nada que tenga más importancia que eso.

A medida que crecemos, nos marcamos objetivos en la vida, objetivos que de algún modo han de ser realizables. Lo fundamental es el tiempo. Lo que siempre nos falta, lo que nunca nos sobra. ¡Ojalá pudiéramos comprar el tiempo!

Con 26 años, por ejemplo, no puedo proponerme ser futbolista de primera división, pero sí mejorar con mi equipo de fútbol de amigos.
Es tarde para ser astronauta, pero no es tarde para viajar a ultramar, perderse por los lugares más recónditos y conocer a las personas y criaturas más curiosas del planeta.

Uno siempre ha de preguntarse cuando está realizando una tarea, sea cual sea, ¿Soy feliz con lo que hago? ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué quiero hacer ésta tarde?

Ésta noche no puedo irme a Australia estando en Madrid, carezco del tiempo y los recursos necesarios. ¿Pero dentro de 6 meses? ¿Por qué no? Manos a la obra, sólo depende de mí. No serás el mismo después de haber conocido Australia, porque serás el que eras, pero habiendo conocido Australia.

Y durante el viaje igual descubro que en realidad quiero recorrerla en moto.

Tengo una meta. Voy a alcanzarla. Igual tropiezo con una piedra en el camino que me hará caer, y tardo más tiempo de lo esperado, pero me levantaré y llegaré a la meta. Igual que todas las veces que me caí tratando de andar en bici correctamente.

¿Y si para llegar a la meta hay un río cuyo puente está roto? ¿No es una oportunidad para aprender a nadar?

Para alcanzar una meta largoplacista hay primero que superar muchas metas cortoplacistas.

Cada día pueden surgir nuevas inquietudes, nuevas aficiones, y nuevas metas. Por eso es importante ir paso a paso, día a día.

Como los niños. Salir a conquistar las horas, minutos y segundos. Aprender en clase, correr en el patio y jugar en el parque. Y haber reído siempre. Y llegar a casa con la satisfacción de haber sido muy feliz, y el cansancio suficiente como para cerrar los ojos y esperar con ansia lo que nos deparará mañana.

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