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5 de abril de 2017

EN ALGÚN LUGAR DE BUENOS AIRES..

Ella caminaba. Él se le cruzó y le dijo:

Hola, otra vez. Supongo que hoy era el momento, ¿no?-.

Ella se giró mirándolo seriamente. Ella no encontraba respuesta, por eso es la razón de que asintió con su cabeza y con miedo y delicadeza lo tomo de los hombros, y acotó:

 -Hoy es el día mi amor.-

Él bajo la cabeza y le corrió las manos de los hombros.
"No me refería a eso ", TEMBLANDO y con cierta resignación dijo:
¿Cómo? ¿A qué te refieres?

Con una pequeña sonrisa en su cara, levantó la mirada hacia ella. La miró, se le acercó. Le besó su mejilla derecha. Y le susurró: " Tu sabes a que me refiero". Se quitó un anillo de la mano. Se giró, y se fue caminando por un camino desolado.

Parecería como que el calor de aquel amor. La pasión perdida. EL susurro del viento, todo junto se concentraba en un tiempo. Un momento. Era el momento indicado. Y ella no lo iba a dejar ir.

-No te dejaré ir- le dijo con cierta seguridad.

Con el anillo de él, fue y le dijo esto te pertenece, no te dejaré olvidar aquello que nos hizo tan feliz.

‎"No lo harás ahora, no lo harás mañana, ni pasado. Pero ayer lo has hecho, y quién sabe si en nuestro primer beso no lo hiciste". Las nubes comenzaron a tornarse grises.

Su existencia fue abarrotándose de una duda indescriptible.

-Tú no sabes nada- dijo de la misma manera que miraba al cielo, aquellas nubes pesadas que colmaban el momento de frío y desolación.

-Tú no sabes nada- repitió.

Se puso su saco para la lluvia. Continuó caminando, mientras habría su paraguas, unos segundos después, comenzó a llover.

Se giró mirándola, le dijo: "El día que yo no sepa nada, culparas a las estrellas que nos susurran noche tras noche. "

Con la actitud que debería haber tomado hace ya un largo tiempo atrás, se decidió a olvidar a aquel hombre que había hartado su paciencia y que se las había ingeniado en hacer desaparecer el poco amor que quedaba de una historia ya acabada hace mucho tiempo.

-Era yo la que le ponía onda a todo esto- desapareció para adentro.
Dio media vuelta, y se fue caminando por la ruta bajo la lluvia, sin paraguas junto a su bolso gris y sus jean gastados en dirección contraria.

¿Y ahora qué? se preguntaron los dos, mientras caminaban…


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